Un descubrimiento que cambia la paleontología en América del Sur
Un hallazgo en Chubut acaba de modificar uno de los debates más persistentes en paleontología: ¿Vivieron realmente los multituberculados —un antiguo linaje de mamíferos— en América del Sur? La respuesta llegó en forma de un diente diminuto, pero revelador.
Notopolytheles joelis: una nueva especie del Cretácico Superior
Investigadores argentinos describieron Notopolytheles joelis, una nueva especie del Cretácico Superior cuyo único resto conocido, un molar superior, fue descubierto en la Formación La Colonia. La investigación, publicada en Scientific Reports, confirma por primera vez con evidencia inequívoca que estos mamíferos, conocidos hasta ahora sobre todo por registros de América del Norte, Europa y Asia, también formaron parte de los ecosistemas australes.
El linaje de los multituberculados en América del Sur
Hace unos 170 millones de años, mientras los dinosaurios dominaban la superficie terrestre, evolucionó un grupo de pequeños mamíferos con una dentición única, adaptada para triturar semillas, insectos y vegetales duros. Los multituberculados se distinguían por sus molariformes con múltiples cúspides y, en muchos casos, por un diente cortante llamado plagiaulacoideo, considerado una de sus principales señas evolutivas.
Confirmación de la presencia de multituberculados en la Patagonia
Aunque fueron enormemente exitosos —sobrevivieron incluso a la extinción masiva del límite Cretácico–Paleógeno— su presencia en el Hemisferio Sur siempre fue motivo de controversia. Hasta ahora, en América del Sur solo se habían hallado dientes plagiaulacoideos aislados, similares a los de este grupo pero también a los de otros mamíferos extintos, como los Gondwanatheria, lo que impedía una identificación concluyente.
El molar de Notopolytheles joelis, de apenas unos milímetros, presenta tres hileras de cúspides perfectamente alineadas, una característica imposible de atribuir a otro linaje. Este rasgo permitió confirmar que se trata de un verdadero multituberculado y, en consecuencia, que el grupo habitó efectivamente la Patagonia.
Un diente único con características distintivas
El trabajo fue realizado por Javier Gelfo y Francisco Goin (CONICET–Museo de La Plata) junto a Nahuel Vega (CNEA). Los investigadores destacaron que este diente posee una raíz inusualmente larga y diferencias marcadas en la altura de sus hileras de cúspides, lo que indica una morfología no registrada previamente entre sus parientes del Hemisferio Norte.
Implicaciones en la evolución de los mamíferos en América del Sur
El descubrimiento revive las hipótesis del paleontólogo Rosendo Pascual, pionero en el estudio de los mamíferos fósiles sudamericanos. Pascual sostenía que los dientes plagiaulacoideos encontrados en Patagonia pertenecían a multituberculados y no a gondwanaterios.
El nuevo hallazgo coincide con sus predicciones: si existieron multituberculados en la región, es lógico que coexistieran con los gondwanaterios —otro linaje propio del supercontinente Gondwana— sin necesidad de asumir evoluciones dentarias paralelas más complejas.
Una conexión entre continentes antiguos
La presencia de multituberculados en Sudamérica y Australia, sumada a evidencias indirectas en Antártida, sugiere que estos animales recorrieron sin mayores barreras los antiguos paisajes de Gondwana, millones de años antes de que la separación continental y la apertura del Pasaje de Drake aislaran definitivamente esta región.
Este registro también se integra con otras pruebas de conexiones biogeográficas, como la presencia de monotremas fósiles en la Patagonia y el camino que habrían seguido los marsupiales desde Sudamérica hacia Australia durante el Paleógeno.
Una diversidad insospechada en el Cretácico patagónico
El molar de Notopolytheles joelis confirma que la diversidad de mamíferos en el Cretácico patagónico fue mayor de lo que se creía. En un mundo dominado por dinosaurios, estos pequeños animales prosperaron y se diversificaron, dejando un registro fósil escaso pero crucial.
Un diente que reescribe la historia
Cada nuevo fragmento, por pequeño que sea, permite completar la trama de un pasado que aún guarda enormes vacíos. Y esta vez, bastó un diente minúsculo para reescribir un capítulo entero de la evolución.
