El crimen en la Costa Atlántica
Un vendedor de churros, de choclo o de helados puede pasar bien desapercibido en la Costa Atlántica durante el verano. Por esa razón no les fue extraño a dos hombres ver a un par caminar en el camping donde estaban parando, en Mar de Ajó. Lo que no sabían es que eran policías encubiertos que los estaban esperando para detenerlos como autores del crimen de un vecino de La Matanza. Los agarraron cuando justo estaban por irse del lugar.
Los protagonistas del crimen
Los protagonistas de la historia son Diego Paparatto Antunez (29) y Jonathan David Álvarez (28), dos amigos de Isidro Casanova que se había conocido en un trabajo que compartieron.
El trágico suceso
El miércoles 31 de diciembre, horas antes de Año Nuevo, se presentaron en la casa de Carlos Daniel Blasco, un jubilado de 67 años, a quien le ofrecieron cortarle el pasto de la entrada de la vivienda, ubicada también en Isidro Casanova, ya que estaba crecido. Como “anzuelo” tenían una maquina bordeadora.
El jubilado les rechazó la propuesta, pero los dos hombres entraron a la fuerza al domicilio, donde lo golpearon en la cabeza con un elemento duro.
Ya dentro de la propiedad agarraron dinero, un televisor de 40 pulgadas y el teléfono celular. Con todo el botín, se escaparon. El jubilado pudo reponerse y llamar a la policía para hacer la denuncia.
Las consecuencias fatales
Luego de hacer la denuncia fue trasladado a un hospital con el diagnóstico de hundimiento de cráneo. Los médicos lo indujeron al coma farmacológico. Finalmente, Blasco murió el 14 de enero por complicaciones derivadas de las lesiones que sufrió.
La investigación y la captura
La causa comenzó a ser investigada por el fiscal de La Matanza José Luis Maroto, pero una vez confirmada la muerte de Blasco pasó a las manos del fiscal Claudio Fornaro, a cargo de la Fiscalía de Homicidios del mismo departamento judicial.
Los detectives de la DDI de La Matanza llevaron adelante las tareas de campo que incluyeron en análisis de las cámaras de seguridad públicas y privadas, el testimonio de vecinos y de testigos.
Gracias a la información obtenida lograron identificar a los dos amigos, Álvarez y Paparatto Antunez, como las dos personas que estuvieron con Blasco momentos previos al ataque. También se supo que el primero de ellos era conocido de la víctima, tenía un parentezco lejano.
El fiscal solicitó al Juzgado de Garantías dos órdenes de allanamientos para dos domicilios ubicados en Isidro Casanova. Los policías de la DDI fueron hasta allí pero no encontraron a los sospechosos, pero recibieron una información importante para ubicarlos.
Un testigo señaló que ambos viajaron a la Costa Atlántica, más precisamente a Mar de Ajó, donde empezarían a trabajar nuevamente juntos, esta vez en un conocido supermercado ubicado a la entrada de la mencionada ciudad balnearia.
El final en la Costa Atlántica
Los detectives también obtuvieron el dato que ambos estaban parando en una cabaña del camping “La Terminal”. Con toda la información recibida, el jefe de la DDI de La Matanza se comunicó con su par de la DDI de Dolores para pedirle colaboración.
En un trabajo en conjunto de ambos equipos, personal policial se enteró de que ambos se habían presentado su curriculum vitae en un importante hipermercado de la zona para pedir trabajo y que los habían aceptado.
Tanto Álvarez como Paparatto Antunez no tenían antecedentes penales, por lo que no levantaron sospechas para conseguir el trabajo.
Cuando la policía se presentó ante el área de Recursos Humanos de la firma, confirmaron que habían ido a pedir empleo. Al tomar conocimiento de la situación, desde la empresa los llamaron para que se presentaran al mediodía a una supuesta entrevista laboral. Allí los esperarían los policías para detenerlos.
Se cree que los hombres comenzaron a sospechar que estaban cerca de ellos y no se presentaron a trabajar. En ese momento, otra división de la SubDDI de La Costa se presentó en el camping.
El dueño del lugar les ofreció una cabaña cercana a la que se hospedaban los dos imputados por el homicidio de Blasco. Los hombres no estaban, por lo que los policías tuvieron que esperarlos.
Mediante un operativo que contó con tres oficiales vestidos como churrero, un heladero y un vendedor de choclo, los esperaron a que regresaran. Una vez que los vieron, aguardaron a ver qué movimiento hacían.
Álvarez y Paparatto Antunez comenzaron a guardar sus cosas. Estaban por irse del lugar a otro más seguro para ellos. No lo lograron ya que la Policía los atrapó y los detuvo.
Los dos amigos quedaron a disposición de la fiscalía, que los imputó por el homicidio agravado criminis cuase, un delito que el Código Penal prevé como única pena la prisión perpetua.
Conclusión
El crimen en la Costa Atlántica que conmocionó a la comunidad, terminó con la captura de los responsables gracias a una investigación minuciosa y un operativo policial efectivo. La justicia podrá determinar la culpabilidad de los acusados y aplicar la pena correspondiente por el terrible suceso ocurrido en Isidro Casanova. La colaboración entre distintas fuerzas de seguridad fue clave para esclarecer el caso.
