El legado detrás del telón
La infancia de Sergio Kuchevasky (60) no fue convencional. En lugar de hablar de fútbol y jugar en la calle, él creció entre las bambalinas del Teatro Colón de Buenos Aires, rodeado de artistas, vestuarios de época y notas de tenores que llenaban el aire. Su padre, David, dedicó 45 años de su vida a este teatro, ascendiendo desde un puesto extraordinario hasta convertirse en inspector de escenario. Los horarios atípicos de su padre significaron que la familia tuviera una rutina diferente, con salidas los lunes y vacaciones en diciembre.
A partir de la labor de su padre, Sergio fue apodado “la mascota del Colón” y fue adoptado por grandes figuras de la ópera y la cultura internacional. Desde los 7 años, Sergio acompañaba a su padre detrás de escena, viviendo en un estado de magia permanente. Fue testigo de producciones históricas como Aida, La Bohème, La Traviata, Rigoletto, Carmen y Nabucco, recopilando anécdotas entrañables y sorprendentes sobre su vínculo con los artistas.
Cuando tenía 12 años, presenció el estreno de El Lago de los Cisnes, protagonizado por la bailarina rusa Maya Plisétskaya. Uno de sus recuerdos más memorables es la muerte del cisne, una escena icónica dentro de la historia del ballet. A pesar de su hipoacusia desde joven, Sergio heredó la pasión por la lírica y el teatro de su padre, quien lo introdujo al mundo de la música a través del piano.
La relación con su padre fue única y brillante, marcada por largas conversaciones sobre lo que veían en el teatro. Para Sergio, el Teatro Colón representa una parte histórica de su vida que se mantiene latente, una conexión profunda con su familia y sus raíces. Además de su trayectoria en el teatro, Sergio es autor del libro Cajita de Colores, un homenaje al trabajo detrás de escena en el Colón.
La caja de colores y la magia de la música
Hace diez años, Sergio encontró una caja de madera que pertenecía a su padre, utilizada por los figurantes para cambiar su maquillaje entre actos. Este objeto fue el punto de partida para escribir su libro, que busca acercar la música clásica a las personas y homenajear el trabajo de los bastidores. Para Sergio, los aplausos no solo son para los protagonistas en el escenario, sino también para quienes sostienen el aplauso desde atrás.
La hipoacusia de Sergio lo llevó a desarrollar otra sensibilidad hacia la música, demostrando que las dificultades no siempre nos alejan, sino que pueden enseñarnos a amar de una manera más profunda. Su objetivo es que la gente aprenda a disfrutar la música desde otro lugar, como un puente para conectarse con lo que llevamos dentro.
El próximo 20 de mayo, Sergio regresará al Teatro Colón para presentar su obra al mundo, reviviendo por unas horas la magia de su infancia detrás del telón. La magia sigue intacta, y su legado perdura en cada nota, en cada baile y en cada historia que comparte con el mundo.
Maestría Clarín / Universidad de San Andrés
