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Cuando la identidad está en estado de sitio

Cuando la identidad está en estado de sitio

«Aún es de noche en Caracas»: la representación íntima de la crisis política venezolana

La película «Aún es de noche en Caracas», dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugás, se adentra en el colapso político venezolano para narrar una experiencia terrorífica e íntima de supervivencia. A través de una historia mínima, la película se sumerge en una atmósfera cargada de tensión y emociones, convirtiendo la tragedia nacional en una vivencia personal y desgarradora.

Basada en la novela de Karina Sainz Borgo, la trama sigue a Adelaida, interpretada por Natalia Reyes, después de la muerte de su madre en una Caracas que ya no es un espacio social, sino un territorio en ruinas. La ocupación de su vivienda por milicias chavistas, la fuga al departamento vecino, el descubrimiento del cadáver de su vecina española Aurora, y la apropiación de su identidad, son eventos que no funcionan como hitos narrativos convencionales, sino como estaciones en un viaje interior. La película se sumerge en la interioridad de su protagonista, manteniendo una tensión constante y suspendiendo la posibilidad de desarrollo, como si la experiencia histórica hubiera paralizado el tiempo.

La fotografía oscura y sombría, las imágenes de vandalismo y violencia política, así como los flashbacks que recuerdan tiempos mejores, contribuyen a crear una atmósfera opresiva y desoladora. La película no avanza linealmente, sino que se sumerge en la psique de Adelaida, mostrando cómo la violencia política penetra lo íntimo, convirtiendo el hogar en un lugar inseguro y la identidad en una herramienta de supervivencia.

En un contexto contemporáneo marcado por la crisis política en Venezuela, la película adquiere una dimensión crítica única. A diferencia de otras obras que revisitan dictaduras desde la distancia histórica, «Aún es de noche en Caracas» fue concebida y realizada mientras el régimen venezolano seguía en el poder, en medio de denuncias de autoritarismo, fraude electoral y represión del disenso. Esta cercanía temporal altera la lectura ética de la película, convirtiéndola en una inscripción del presente más que en una reconstrucción del pasado.

Las directoras de la película han descrito su obra como una exploración de la pérdida en múltiples niveles, destacando la importancia de transmitir la experiencia de habitar la crisis en lugar de explicarla. La estética de la película se enfoca en la intimidad y en la textura del miedo, construyendo una representación fragmentada y desenfocada de Caracas, donde la ciudad se convierte más en memoria que en presencia física.

En resumen, «Aún es de noche en Caracas» se destaca por su enfoque íntimo y emocional de la crisis política venezolana, convirtiendo la tragedia nacional en una experiencia personal y desgarradora. A través de su estética oscura y su narrativa fragmentada, la película logra transmitir la angustia y la desesperación de sus personajes en un contexto de violencia política y pérdida de identidad. Una obra que no solo se sumerge en la realidad venezolana, sino que también reflexiona sobre la fragilidad de la democracia y la resistencia humana en tiempos de crisis.

La producción cinematográfica en Venezuela: una mirada desde el exilio creativo

La situación política y social en Venezuela ha tenido un impacto significativo en la industria cinematográfica del país. Las limitaciones para filmar en territorio venezolano han llevado a que muchas producciones se realicen en el extranjero, con la participación de artistas emigrados. Este es el caso de la película «Aún es de noche en Caracas», dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugás, que se convierte en un reflejo de la realidad del país a través de la reconstrucción creativa desde el exilio.

La ciudad de Caracas se vuelve espectral en la película, no solo por la subjetividad de la protagonista, sino también por las condiciones reales de producción. La fragmentación visual de la ciudad refleja la fragmentación de la sociedad venezolana, marcada por la crisis política y social que atraviesa el país. Esta característica conecta la obra con otras producciones latinoamericanas surgidas en contextos de crisis, donde la imposibilidad material se convierte en un recurso expresivo.

Sin embargo, a diferencia del cine argentino postdictadura, donde la temporalidad retrospectiva permite estructurar narraciones de reparación simbólica, en «Aún es de noche en Caracas» no hay espacio para la reparación. La historia aún no ha concluido, y la noche del título no funciona como metáfora retrospectiva, sino como un estado vigente en el que la ciudad y sus habitantes se encuentran inmersos.

La recepción crítica internacional ha destacado la capacidad de la película para traducir el colapso político en una experiencia sensorial, en lugar de un discurso argumentativo. Algunos críticos han cuestionado la opacidad contextual de la obra, mientras que otros la han valorado como una forma de evitar el reduccionismo ideológico. En cualquier caso, el consenso gira en torno a la potencia de los climas creados por la película.

Al finalizar la proyección, la película no deja la sensación de haber concluido un relato, sino de haber atravesado un estado emocional. Esta persistencia emocional es el logro principal y el gesto político más valioso de la obra: filmar en medio de la historia en curso, asumiendo la incertidumbre y convirtiendo la fragilidad del presente en forma cinematográfica.

«Aún es de noche en Caracas» no busca iluminar retrospectivamente la oscuridad, sino filmar desde dentro de ella. La imagen final de una identidad que debe abandonarse para seguir existiendo resuena en las memorias latinoamericanas, recordando que las noches históricas rara vez terminan de disiparse.

En conclusión, la película dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugás se presenta como un testimonio cinematográfico de la realidad venezolana, filmado desde el exilio creativo y la incertidumbre del presente. Su capacidad para transmitir la complejidad de la crisis política y social del país a través de una experiencia sensorial la convierte en una obra valiosa y relevante en el panorama cinematográfico actual.

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