La obsesión por la inteligencia artificial
La inteligencia artificial se ha convertido en la obsesión principal de los mercados globales durante los últimos años. OpenAI, la empresa liderada por Sam Altman, se posiciona como el estandarte de esta transformación tecnológica sin precedentes. Sin embargo, detrás del brillo de ChatGPT se esconde una realidad financiera que asusta a los inversores más conservadores.
El «agujero negro» de 2026: números que queman
Análisis financieros recientes revelan que OpenAI estima pérdidas operativas de u$s14.000 millones para 2026. Esta cifra representa casi el triple de lo que la empresa espera perder durante el presente ejercicio. Es un volumen de saldo negativo que no tiene comparación con otros inicios de startups tecnológicas.
A pesar de que sus ingresos anuales ya superan los u$s12.000 millones, los gastos crecen de forma exponencial. La empresa proyecta que el flujo de caja negativo acumulado podría llegar a u$s115.000 millones hacia finales de 2029. Solo entonces, según sus propios cálculos, podrían empezar a ver la luz al final del túnel.
Por qué los costos de entrenamiento son astronómicos
Entrenar un modelo de lenguaje de última generación no es sencillo ni barato. Cada nueva versión requiere procesar volúmenes mayores de datos en servidores extremadamente potentes. OpenAI gasta miles de millones solo en alquilar capacidad de cómputo en la nube de Microsoft.
Los chips especializados, las GPUs, tienen precios prohibitivos. Una sola unidad puede costar lo mismo que un auto de gama alta, y OpenAI necesita decenas de miles operando en simultáneo las 24 horas.
El veredicto de J.P. Morgan
Los bancos de inversión mantienen posiciones encontradas. J.P. Morgan se muestra optimista y respalda el gasto. Para su visión, el capex se justifica por los saltos de productividad que habilita la IA.
Según sus analistas, no es una burbuja como la del 2000: a diferencia de las puntocom, las compañías de IA ya generan ingresos reales. La monetización ocurre mientras se construye la infraestructura.
Morgan Stanley y el temor a una estructura frágil
En la otra vereda, Morgan Stanley plantea dudas sobre la sostenibilidad. Señalan que la dependencia del mercado de deuda podría esconder riesgos sistémicos. Muchas inversiones podrían convertirse en «capital varado» si la rentabilidad no llega.
El banco advierte que el costo de mejorar modelos crece más rápido que los ingresos. Afirman que cuesta cinco veces más energía y dinero hacer un modelo apenas el doble de inteligente. Esta lógica de rendimientos decrecientes sería una amenaza central.
Cómo invertir en este activo desde la Argentina
Muchos ahorristas argentinos se preguntan cómo participar. OpenAI es privada, así que no se pueden comprar acciones directas. Pero existe una vía indirecta a través de CEDEARs.
La ruta más directa es el CEDEAR de Microsoft (MSFT), socio principal y con participación relevante en beneficios económicos futuros. Invertir en Microsoft es, en la práctica, exponerse al motor detrás de ChatGPT.
El dilema del futuro: ¿Riesgo u oportunidad histórica?
A pesar de las pérdidas proyectadas, el potencial transformador sigue siendo enorme. OpenAI apuesta a que su tecnología sea indispensable para empresas y hogares. Si lo logra, la rentabilidad llegaría por economía de escala.
OpenAI seguirá en portada por sus avances y por sus números rojos. El camino a la rentabilidad será largo y caro, con obstáculos técnicos y regulatorios. Solo el tiempo dirá si Sam Altman es el nuevo genio de las finanzas o un soñador costoso.
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