Reacción europea ante el ataque a Irán
Los europeos tuvieron meses para preparar una posición común frente al ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, pero la historia y la ideología de sus gobiernos marca la reacción, que terminó por resultar una cacofonía.
El presidente del Consejo Europeo, el ex primer ministro socialista portugués António Costa, emitió un comunicado. Por su cargo, habla en nombre de los 27 gobiernos de la Unión Europea. Así que debe encontrar el mínimo común denominador en el que entren los 27. Como las posturas son tan distantes, Costa terminó por no decir nada.
Su comunicado del sábado aseguraba que la Unión Europea “reafirma su compromiso con la estabilidad y la seguridad regional” y que “asegurar la seguridad nuclear y prevenir acciones que lleven a una escalada de tensiones y a minar el régimen global de no proliferación es de importancia crítica”.
Costa recordó que Europa tiene sanciones en vigor contra “el régimen asesino” iraní (esa retórica se adoptó a nivel europeo tras la represión sangrienta de los últimos meses) y que siempre ha buscado que el programa nuclear iraní y el programa de misiles balísticos se solucionaran mediante negociaciones. Costa también pidió a todas las partes que se comporten usando la menor fuerza posible, que protejan a los civiles y que “respeten completamente el derecho internacional”.
Posturas europeas divergentes
El problema de Costa es que hablar en nombre de los 27 en esta crisis es por ahora imposible. El francés Emmanuel Macron se situó en un punto ambivalente, que se parece algo a la respuesta europea. Dijo que “el inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán tiene graves consecuencias para la paz y la seguridad internacional”, que “la escalada en curso es peligrosa para todos” y que “debe cesar”.
Macron también se dirigió al régimen iraní para recordarle la necesidad de “negociar de buena fe el fin del programa nuclear y balístico” y que “las masacres perpetradas por el régimen islámico lo descalifican”.
Muchos gobiernos europeos podrían alinearse detrás de esa declaración de Macron, pero no todos. Unos, como el español Pedro Sánchez, porque creen que el ataque es, por principios legales, una violación del derecho internacional, más allá de lo criminal que sea el régimen iraní. Otros porque aplauden los bombardeos porque aplauden cualquier cosa que haga Donald Trump y Benjamin Netanyahu, como el húngaro Viktor Orban.
Sánchez dijo que España “rechaza la acción militar unilateral de Estados Unidos e Israel, que supone una escalada y contribuye a un orden internacional más incierto y hostil. Rechaza igualmente las acciones del régimen iraní y de la Guardia Revolucionaria”. Pero también añade: “No podemos permitirnos otra guerra prolongada y devastadora en Oriente medio. Exigimos la desescalada inmediata y el pleno respeto del derecho internacional. Es hora de retomar el diálogo y alcanzar una solución política duradera para la región.
Posturas individualizadas
Alemania va por otro camino. Sin hacer referencia alguna al respeto al derecho internacional como Sánchez ni exigir que la guerra cese como Macron, Merz publicó un comunicado que justifica el ataque con el argumento de la represión del régimen iraní y alegando que Estados Unidos había intentado negociar de buena fe.
El problema de la declaración de apoyo de Merz es que sirve idealmente a quienes critican la ambigüedad selectiva de los europeos a la hora de defender las normas del derecho internacional y el respeto a la Carta de Naciones Unidas, y así dañan su credibilidad a nivel mundial. Algo que a las instituciones europeas se supone que les preocupa.
Defensa de un orden global de normas
Europa defiende un orden global de normas, no de fuerza. El bloque levantó la bandera de la moral y del derecho cuando Rusia atacó a Ucrania. Y a la luz de esas normas internacionales, con toda la razón del mundo. Pero muchos de sus gobiernos no lo hacen ahora, y así dañan su argumento a favor de la defensa de Ucrania. Un diplomático francés decía a Clarín este domingo: “Los crímenes de otros no justifican actos de agresión unilaterales, aunque los cometan nuestros amigos tradicionales. Los principios que defendemos deben ser consistentes, o dejan de ser principios y pasan a ser intereses”.
Este domingo a última hora hubo una reunión (por videoconferencia) de cancilleres europeos. De esa reunión debería salir otro comunicado que, por no molestar a nadie, no dirá nada sustancial. El antiguo canciller europeo, el hispano-argentino Josep Borrell, decía el sábado: «Ningún demócrata va a llorar sobre la muerte del régimen iraní, pero eso no justifica este ataque ilegal».
En resumen, la reacción europea ante el ataque a Irán ha sido diversa y marcada por posturas individuales de cada país miembro. Las diferencias en cuanto al respeto al derecho internacional y la legitimidad de la acción militar han generado una falta de unidad en la respuesta del continente. Esta situación pone en entredicho la coherencia de los principios defendidos por la Unión Europea en el ámbito internacional.
