El Nobel que urge y quema – ciencia fundamental / Brasil

Por Marília Zaluar P. Guimarães

La experiencia de trabajar con un (futuro) ganador del premio

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“Así que les pedí a mis estudiantes y postdoctorados que probaran los extractos de los diferentes pimientos que producíamos, y descubrimos que los que más se quemaban causaban una mayor corriente en VR1”. En febrero de 1998, estudiante de doctorado en el Instituto de Biofísica Carlos Chagas Filho de la UFRJ, estuve en Buenos Aires para un curso de dos semanas sobre biología molecular aplicada a las neurociencias. Escuché esta frase de David Julius, uno de los ganadores del Premio Nobel de Medicina y Fisiología anunciado el pasado 4 de octubre. Nos contó cómo había ido el trabajo que describía el descubrimiento del receptor TRPV1 (entonces llamado VR1), publicado el año anterior. Y luego la maestra esbozó una amplia y traviesa sonrisa que hizo reír a la clase. Perplejo por la complejidad de la investigación, que seguí con dificultad, pude apreciar su fino e irónico humor, con el que luego me familiarizaría.

Ese día pensé que quería hacer mi investigación postdoctoral con el dr. Julius, a quien cariñosamente nos referimos como DJ. Empezamos a hablar de esta posibilidad y terminé solicitando una beca Pew Latin American Fellows. En septiembre de 2000 llegué a San Francisco, nada soleado a pesar de estar en California, donde me uní a un pequeño equipo de estudiantes de posdoctorado y doctorado.

En su trabajo fundamental sobre TRPV1, Julius y sus colegas mostraron por primera vez cómo una señal potencialmente dolorosa puede convertirse en un cambio eléctrico en las neuronas sensoriales. Ya se sabía que sustancias picantes como la capsaicina, presente en pimientos como los chiles, excitaban estas neuronas. ¿Pero como? Lograron clonar u obtener múltiples copias de un gen al que llamaron VR1, responsable de codificar una proteína capaz de dar a las células la capacidad de responder a la capsaicina (por supuesto, las células que carecen de esa capacidad). Luego vieron que se trataba de una proteína en la superficie de las neuronas que permite el paso de la electricidad en presencia de determinados estímulos. Es decir, traduce la señal dolorosa al lenguaje que las neuronas entienden muy bien.

Continuando con el estudio de este clon, los investigadores encontraron que también promovía respuestas a temperaturas superiores a 43 grados Fahrenheit y que estaba modulado positivamente por protones o soluciones ácidas. Hoy sabemos que múltiples vías de señalización y moléculas exógenas, como las toxinas arácnidas, actúan sobre esta proteína. Estos hallazgos fueron muy importantes para comprender la fisiología del dolor y potencialmente tienen un gran impacto en la búsqueda de nuevos fármacos analgésicos, ya que TRPV1 es fundamental para varios tipos de dolor. Además del dolor agudo, participa en el dolor inflamatorio y neuropático, el último de los cuales es difícil de controlar con los fármacos actuales.

Pero volviendo al trabajo de 1997. Con una de las células que hicieron producir VR1 / TRPV1, registraron las variaciones eléctricas inducidas por los extractos de pimiento. Vieron que cuanto más picante era el pimiento, más capsaicina, más corriente eléctrica. ¿Necesitaron mostrar esta actividad de los extractos de este artículo, con las fotos de los pimientos correspondientes? Probablemente no, la actividad de la capsaicina pura o moléculas relacionadas sería más que convincente. Pero fue un experimento de sorprendente elegancia, rasgo presente en la mayoría de publicaciones del grupo que lidera Julius desde entonces.

Julius es reconocido por su cuidado en la redacción de sus artículos, informando siempre los resultados de forma muy clara y directa, sin recurrir a subterfugios como falacias lógicas o “torturas” estadísticas. Y sobresale en publicar algunos artículos al año, dos o tres, pero siempre con alto impacto. Además, al elegir preguntas científicas, está notablemente claro de enfoque, especialmente a los ojos de una persona extraviada como yo. Por todas estas características profesionales y personales, y el cuerpo de su trabajo desde 1997, no fue de extrañar que aparecieran numerosos mensajes informándole que había sido galardonado con el Nobel el día 5. Ya sabíamos que llegaría ese día, y de hecho, este Nobel era urgente. Y mi orgullo arde por haber trabajado con este admirable investigador.

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Marília Zaluar P. Guimarães es profesora asociada del Instituto de Ciencias Biomédicas de la UFRJ e investigadora colaboradora del IDOR.

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Fuente: uol.com.br