El impacto de la apertura de importaciones en la economía argentina
En medio de un debate cada vez más visible sobre el rumbo del comercio exterior, la apertura de las importaciones volvió al centro de la escena económica. Mientras sectores industriales advierten sobre un proceso «indiscriminado» que pone en riesgo empleo y producción local, otros puntos de vista sostienen que el esquema actual está lejos de ser extremo si se lo compara con economías de la región como Chile o Uruguay, donde el grado de apertura es históricamente mayor.
La discusión, sin embargo, dejó de ser abstracta. Más allá de los argumentos técnicos sobre aranceles promedio o niveles de protección efectiva, el cambio empezó a reflejarse en decisiones empresariales concretas y en la reconfiguración del entramado productivo argentino.
Cómo el «made in Argentina» pierde peso frente a lo importado: casos concretos
En ese escenario, ya se acumulan casos concretos que muestran cómo el «made in Argentina» pierde peso frente al producto importado.
Uno de los casos más recientes fue el de la multinacional química suiza Clariant, que anunció el cierre definitivo de su planta en Zárate y el cese de la producción local para pasar a comercializar productos importados desde Brasil. La decisión implicó la desvinculación de 50 trabajadores y la salida de un actor industrial con años de presencia en el país.
En la industria autopartista, la sueca SKF confirmó que dejará de producir en su planta de Tortuguitas, donde empleaba a 145 personas, y que abastecerá el mercado local con productos importados desde Italia, China, Bulgaria y México. La compañía enmarcó la medida en una reestructuración global para concentrar su producción en instalaciones de mayor escala y tecnología.
Algo similar ocurrió con DBT, asociada a la española Himoinsa, que decidió finalizar las actividades industriales en su planta de Sastre, Santa Fe. La empresa dejó de producir para pasar a importar equipos terminados desde China, lo que implicó la desvinculación de 35 trabajadores.
En línea blanca, la historia se repite. Neba cerró su planta en Catamarca y dejó de fabricar heladeras y freezers para importar desde Asia. La marca volvió a bajar la persiana en un escenario de caída de ventas y mayor competencia externa.
El desafío de la competitividad local frente a los productos importados
La imposibilidad de competir en costos frente a fabricantes asiáticos aparece como uno de los trasfondos que atraviesan estos casos. En el sector automotor, referentes de la industria ya venían señalando que la estructura impositiva y laboral local complica la competitividad de los vehículos producidos en Argentina.
No todas las empresas optaron por un cierre total. En varios sectores se impone un modelo mixto. La tradicional fabricante de termos Lumilagro reorganizó su esquema y pasará a tener cerca del 60% de su oferta importada, mientras que el 40% restante seguirá fabricándose en el país.
En consumo masivo, Kenvue trasladó la fabricación de parte de su portafolio desde su planta en Pilar hacia Brasil y Colombia. La compañía mantendrá en Argentina un centro logístico y de control de calidad, pero comenzará a importar líneas que antes se producían localmente.
Impacto en la industria textil y en las góndolas de supermercados
En el sector textil, el giro es más silencioso, pero igual de profundo. Empresas que hasta hace pocos años producían mayoritariamente en Argentina hoy invirtieron la ecuación, fabricando mayoritariamente en Asia.
La apertura también se percibe con claridad en las góndolas. En los supermercados creció la presencia de alimentos y productos importados, desde lácteos hasta conservas, café y bebidas.
El avance importador no es homogéneo ni necesariamente definitivo. Para algunos analistas, se trata de una etapa de transición hacia un esquema más integrado al comercio global, donde sobrevivirán las empresas que logren mayor escala y eficiencia.
Mientras la discusión política continúa, el impacto ya se observa en plantas que bajan la persiana, en líneas que se reconvierten y en góndolas que cambian de etiqueta. El debate sobre si la apertura es excesiva o todavía moderada frente a la región sigue abierto. Lo que ya no parece discutible es que el mapa productivo argentino empezó a modificarse.
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