Guillermo Salatino: El Maestro del Tenis
Jugadores, entrenadores, jueces, dirigentes, colaboradores. El ambiente del tenis tiene sus personajes, muchos de ellos históricos. También, sus periodistas, por supuesto. Y para ese ambiente nombres como los de Guillermo Salatino y Juan José Moro constituyen la referencia central entre nosotros. Porque fueron, junto a otros colegas, quienes acompañaron y difundieron desde mediados de los 70 lo que fue una revolución en este deporte, su conversión en una actividad masiva, impulsada a partir del fenómeno Vilas.
“Salata” -quien nos dejó este sábado a sus 80 años, víctima de un infarto momentos antes de una operación- fue un símbolo de la difusión del tenis y un inmenso periodista deportivo. Alcanzó popularidad y reconocimiento, pero significa todavía más para quiénes compartimos y disfrutamos junto a él tantas travesías, tantas coberturas, tantos festejos por las hazañas de nuestros tenistas. Porque Salatino, a partir de sus conocimientos técnicos del tenis -había sido un jugador de primera línea hasta sus tiempos juveniles- era siempre guía y consejero para todos, especialmente para quienes recién se iniciaban en la actividad y en las giras.
Una Vida Dedicada al Tenis y al Periodismo
Cuando era chico intentó jugar al básquet en el legendario Gimnasia de Villa del Parque, pero lo convencieron para volcarse al tenis en el Buenos Aires LTC por consejo del gran Alejo Russell. “A los 16 yo estaba entre los mejores juniors. El número 1 era Julián Ganzábal, que tenía cancha en la casa y me invita a hacer una pretemporada, con Jorge Cerdá, del CASI. Toda la semana. Y cuando llega el sábado le digo: “¿Qué hacemos esta noche?”. Julián me contesta: “Nada, acostarse temprano, porque mañana a las 6 de la mañana se hace gimnasia”. Le aclaré que iba a salir. “Si salís, no vuelvas”, me respondió. Y salí. Ese día decidí que iba a jugar al tenis, pero que no sería tenista.
Y se decidió por estudiar periodismo deportivo en el Círculo, donde egresó a mediados de los 70. Enseguida se volcó, con una entrega conmovedora, a la pasión que abarcó toda su vida: el periodismo y el deporte (el tenis primero, pero luego se extendió a otros).
Una Pasión Inquebrantable por el Tenis
En aquel lapso, solamente sucesos como la guerra de Malvinas o el paréntesis por el covid impidieran que Salatino cubriera la totalidad de eventos de Grand Slam que se jugaron. Aunque Australia le encantaba, atendía a la solemnidad de Wimbledon (“allí se respira tenis”), un campeonato que cubrió desde la histórica edición del Centenario, en 1977.
Salatino también fue editor de revistas especializadas, escribió sus memorias en “El séptimo game” y columnas especiales en los principales medios de nuestro país, cada vez que se le solicitaba.
Un Legado Imperecedero en el Tenis Argentino
Con algunos de nuestros ídolos como Vilas o Nalbandian tuvo sus idas y vueltas. “Con Guillermo fuimos amigos, jugamos juntos, lo conocí a los 10 años. El papá me pidió que lo peloteara. Y cuando vino a Buenos Aires, a los 16, compartimos el equipo de Primera por dos años, salimos campeones, entrenábamos juntos, ha dormido en mi casa.
Gaby Sabatini era su debilidad. “Es difícil manejar la relación con los tenistas. Yo siempre traté de no ser amigo.
Un Adiós a un Periodista de Raza
Los periodistas que cubrieron tenis en distintas generaciones nunca dejarán de llamarlo “maestro”. Quedará el eco de aquellas transmisiones, los viajes compartidos por rutas de todo el mundo -desde el glamour de los grandes torneos hasta los confines a los que nos llevaban otras competencias menores- los festejos y abrazos a la hora de los triunfos y la desilusión en las caídas.
Es el adiós a un periodista de raza.









