La CGT, en busca de nuevo protagonismo
Y de pronto, se alinearon los planetas para la cúpula sindical argentina, que nuevamente se siente con fuerza para convocar a un paro nacional. Tras meses de sufrir reproches desde izquierda y derecha, con baja capacidad para convocar militantes y con su representatividad cuestionada, se había resignado a ser un espectador más en el debate sobre la reforma laboral.
Fue así que tras la votación de la ley en el Senado -una jornada en la cual sólo protestaron los sectores de izquierda mientras la CGT se limitó a emitir un comunicado- volvieron a circular los reproches de tibieza y las ironías respecto de que la sigla CGT ahora significa «Confederación General de Twitter».
Y las críticas no se limitaban al reclamo de una actitud más combativa. También hubo insinuaciones sobre una negociación entre la cúpula sindical y el gobierno. Concretamente, la acusación era que la CGT se limitó a hacer una oposición «testimonial» y sin consecuencias políticas a cambio de que el gobierno retirase el artículo que eliminaba la «cuota solidaria» que se les descuenta a los asalariados, aun cuando no estén afiliados al gremio.
Sin embargo, en el lapso de pocos días, el panorama cambió de tal forma que esa misma dirigencia sindical que se sentía sin capacidad de convocatoria, ahora decidió ponerse al frente de la resistencia contra la reforma laboral nada menos que con la organización de un paro general nacional.
Errores no forzados
Desde el punto de vista del gobierno, esa división entre sindicalistas duros y tibios suponía una oportunidad política. Ante cada movilización sindical de convocatoria discreta, los funcionarios destacaban que esa jornada había sido «un día normal». Y Javier Milei, en plena negociación con la oposición peronista, hizo jugar todas esas situaciones en su favor, argumentando que los paros era la expresión de los «sectores retrógrados que se niegan a perder privilegios».
¿Cómo fue que una oposición sindical que parecía irrelevante se erigió de pronto en una amenaza política seria, con capacidad de paralizar el país el día en que el texto de la ley entra a la cámara de Diputados? Hubo una serie de «errores no forzados» del gobierno que ayudaron a que la oposición ganara fuerza.
Para empezar, el efecto de los descuentos en las licencias por enfermedad. Fue un agregado de último momento, cuya autoría nadie se atribuye, y que terminó enojando al propio bloque legislativo del oficialismo. El tema es de alta sensibilidad social, algo de lo que el gobierno se anotició cuando vio que, de todas las reformas incluidas en la ley, la que centraba toda la atención mediática era la de las licencias.
De hecho, el propio Toto Caputo se quejó por la escasa repercusión que habían tenido los artículos de rebaja de costos para los empresarios en la contratación de nuevos empleados.
Un cambio de clima
Pero, además, hubo otras noticias desde el plano de la economía que también le jugaron en contra al gobierno y le dieron fuerza a la oposición. Ya se había caldeado el clima con el inesperado 2,9% de la inflación de enero y la casi certeza de que habrá alta inflación también en febrero y marzo -con el agravante de que se encarecieron más las canastas que marcan las líneas de pobreza e indigencia-.
En medio del debate por la inflación al alza, estuvo la polémica por el frustrado cambio de metodología del Indec, que llevó a que la CGT avisara que sus asesores económicos prepararían un índice propio para tomar como referente en las negociaciones salariales.
También hubo críticas a la iniciativa del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), porque los economistas críticos dan por descontado que esa «caja» formada con aportes obligatorios de las empresas terminará siendo un financista involuntario del Tesoro, ante la creciente necesidad de Caputo por fondear las arcas estatales.
Buscando aliados
En definitiva, los hechos de la última semana supusieron, para la CGT, una inesperada inyección de fortaleza política. De forma que no solamente se animó a la convocatoria al paro, sino que aspira a influir en el debate parlamentario.
Y, de hecho, no solamente están buscando la alianza con gobernadores provinciales del peronismo, sino que también hay acercamiento con cámaras empresariales que objetan algunos de los puntos del proyecto de ley.
Es así que en los últimos días hubo reuniones con la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la Cámara de Comercio y la Asociación de la industria Metalúrgica. Aunque los empresarios comparten buena parte del proyecto del gobierno, creen que hay otros puntos que pueden incrementar la conflictividad. Entre ellos se encuentra la alteración del orden de preeminencia de las negociaciones -en la ley, el acuerdo de empresa tendrá prioridad sobre el de rama laboral- y el cese de la «ultraactividad» -es decir, la continuidad posterior a la fecha de finalización- de convenios que no hayan sido renovados.
Resumen
La cúpula sindical argentina, representada por la CGT, ha pasado de ser criticada por su pasividad a liderar la resistencia contra la reforma laboral mediante la organización de un paro nacional. Errores políticos del gobierno, como los descuentos en las licencias por enfermedad, han fortalecido a la oposición sindical. Además, el contexto económico, con inflación en aumento y polémicas en torno a medidas como el Fondo de Asistencia Laboral, ha contribuido a este cambio de clima. La CGT busca aliados tanto en el ámbito político como empresarial para influir en el debate parlamentario y defender los intereses de los trabajadores.
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