La decisión del Gobierno de activar y luego profundizar la apertura irrestricta de las importaciones sigue golpeando de la peor forma al aparato industrial nacional. En esa línea, y a muy poco de ocurrido el cese de actividades en Fate, dos empresas dedicadas a la producción de electrónica del hogar y electrodomésticos en general también dejaron de operar y se multiplican los despidos en ese sector.
Cerró el fabricante de heladeras Neba
Aires del Sur, dueña de las marcas Electra y Fedders, ha presentado su pedido de quiebra directa ante la Justicia y ha concretado 140 despidos. Por otro lado, la fábrica de heladeras Neba dejó de operar en Catamarca y despidió a 56 operarios. Los empleados de esta última ocuparon las instalaciones de la firma en el parque industrial de El Pantanillo, cercano a la capital catamarqueña.
Los cesanteados en Neba optaron por poner en marcha una medida de fuerza durante las últimas horas y, de acuerdo a medios de esa provincia y regionales, permanecen en asamblea dentro del predio de la fabricante a la espera de respuestas oficiales. La acción cuenta con el respaldo de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) Tucumán, que tiene a su cargo la filial Catamarca.
Según representantes de los exempleados, Neba acumulaba meses de complicaciones operativas y financieras. Cuatro meses atrás la compañía aplicó un primer recorte de 15 empleos, y ya entre diciembre y lo que va de este mes redujo otros 34 puestos de trabajo. Ricardo Olmos, uno de los portavoces de los operarios de Neba, declaró que la planta «dejó de fabricar heladeras hace seis meses para centrarse únicamente en la línea de freezers, debido a la drástica caída en las ventas».
El impacto del cierre trasciende lo económico para convertirse en una tragedia social para las familias catamarqueñas. Uno de los puntos más críticos es la edad del personal: más de la mitad de los operarios tiene entre 50 y 60 años, lo que dificulta seriamente su reinserción en un mercado laboral que hoy no presenta demanda.
Ayres del Sur se suma a la lista de cierres
Aires del Sur formalizó el cierre de la compañía que supo ser un jugador relevante en el segmento de la climatización. En el escrito judicial, la empresa aseguró encontrarse en «estado de cesación de pagos actual, generalizado e irreversible», describió su crisis como de carácter «estructural» y admitió que el plan de continuidad productiva implementado no logró revertir la situación.
La decisión impacta de lleno en la planta que la firma operaba en Río Grande, donde en los últimos días se intensificaron los reclamos gremiales. La UOM exigió definiciones sobre la continuidad operativa y el pago de salarios adeudados de febrero, además de vouchers previamente acordados. Finalmente, sus 140 trabajadores fueron desvinculados.
Ayres del Sur se sumó así a la lista de empresas radicadas en Tierra del Fuego que están en conflicto o, directamente, cerraron sus puertas tras la apertura de importaciones que anunció el gobierno nacional a mediados de 2025. Desde entonces, ha dado un golpe tras otro al régimen de promoción en la provincia.
Electrodomésticos y tecnología en general, afectadas por las importaciones
Dos denominadores comunes se repiten al momento de abordar el mal momento comercial que transita la producción nacional de electrodomésticos y tecnología: la caída del consumo interno y la pérdida de competitividad frente a las importaciones.
En cuanto a las firmas afectadas por ese contexto, durante el mes de noviembre de 2025, la multinacional Whirlpool bajó las persianas de su fábrica en Pilar, inaugurada apenas dos años antes. El cierre afectó a 220 empleados del sector metalmecánico.
Mabe estableció un proceso de reorganización de sus operaciones en la Argentina. Dicha iniciativa comprende retiros voluntarios para parte de su personal y el cierre de su fábrica de Córdoba, que será reconvertida en depósito y hub de distribución. Mabe hará de sus instalaciones en Río Segundo un centro de distribución y concentrará la manufactura de cocinas, lavarropas y secarropas en Luque. Además, continuará con la producción de heladeras en San Luis, aunque a un ritmo más acotado.
La situación en esa firma no es más que otra confirmación del mal momento que atraviesan los productores de electrodomésticos en la Argentina, con niveles de fabricación que en la mayoría de los casos bordea el 50% de la capacidad instalada.
Por último, el sector de equipos eléctricos sumó el cierre de la fábrica de DBT-Cramaco en Sastre, Santa Fe. El cese de actividades tuvo lugar también durante noviembre del año pasado y la medida implicó la pérdida de casi 40 puestos de trabajo.
En resumen, la apertura irrestricta de las importaciones ha generado un impacto negativo en la industria nacional de electrodomésticos y tecnología, provocando el cierre de empresas, despidos masivos y una disminución significativa en la producción local. La falta de competitividad y la caída del consumo interno han contribuido a esta situación alarmante que afecta a numerosos trabajadores y familias en todo el país.
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