Verano 2026: dónde puede haber incendios en Argentina
Una de las tareas de María de los Ángeles Fischer, investigadora del Instituto “Clima y Agua” del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), es revisar lo que técnicamente llaman focos de fuego. “Puntitos”, como dice ella, tomados con imágenes satelitales, que se corresponden -según el tipo de sensor del satélite en cuestión- con cierta superficie territorial. Es una actividad que su área de trabajo hace desde 2001 y se puede decir que a esta altura del partido, entendieron bien por qué además de la coyuntura noticiosa (el incendio que está ocurriendo ya), tiene sentido analizar los procesos evolutivos en cada zona.
Fischer es muy cautelosa. En la charla aclaró varias veces que ella no elabora pronósticos, pero sus palabras (siempre tomando en cuenta que un pronóstico es eso, y no futurología) suenan a una tentativa buena noticia.
“Se podría decir que el resto del país está mejor porque ha llovido más últimamente. En cambio, en la Patagonia hay zonas que vienen bastante secas y por eso, ante la ocurrencia de un foco disparador, el fuego se propaga. Hay mucho material combustible. Sumado a los vientos y a las condiciones climáticas favorables (calurosas), todo hace que un foco que se inicia un día se propague de un modo importante y alcance superficies grandes en muy poco tiempo”, introdujo.
Focos de calor y tormentas de verano
Por “foco de calor” hay que entender “anomalía de temperatura”. Para ver los escenarios anormales, Fischer se basa en imágenes que toman los sensores de dos satélites: Terra y Suomi. El primero tiene a bordo un sensor (llamado MODIS), en donde cada “puntito” abarca un kilómetro cuadrado; el segundo (el sensor VIIRS), toma imágenes todavía más precisas, de 375 metros cuadrados por «puntito».
Cada foco de calor o punto marcado significa poco sin un contexto adecuado y alguien que interprete. Según explicó Fischer, “el tema es si hay muchos focos de calor uno al lado del otro y durante varios días, lo que indica que una superficie grande se está quemando. Un ejemplo claro de lo que pasa en Chubut es que, “en Futaleufú se registraron 693 focos, sólo entre el 4 y el 8 de enero. En Cushamen, 661”.
Saliendo de ese radio y con excepción de Santa Fe y Neuquén, “el resto de las provincias estuvieron igual o por debajo del mínimo histórico”. Aunque “son análisis a posteriori”, aclaró la investigadora, “sirven para hacer proyecciones o al menos para ver qué se está afectando y adónde hay que dirigir los recursos, según cómo se considera que va a evolucionar un evento”.
Patagonia y el fuego: cuestión de colores
Al cierre de esta nota, unas 2.200 hectáreas se habían quemado en las zonas afectadas de la cordillera a la altura de Chubut. Con el viento rotando y cambiante, la lucha contra el fuego se volvía compleja. Según Fischer, más allá de que 2025 no fue un año caracterizado por la sequía, la zona que ahora está afectada venía mostrando desde agosto otro dato que ellos analizan y que quizás resulte crucial para la comparación. “Este es un nuevo producto que elaboramos”, comentó, y dijo: «Es un índice de vegetación”.
“En este otro informe se analiza cuán verde y fotosintética está la vegetación, y ahí, en la zona de Cushamen, se venía viendo desde agosto que estaba por debajo de su promedio histórico”, apuntó.
Toda esa vegetación poco verde consolidó un volumen de lo que los expertos en manejo del fuego llaman “material combustible”; justamente, el suplicio de los bomberos voluntarios que en estas horas luchan contra el fuego en el sur.
Esa cualidad no se ve, en principio, en el resto del país. Aunque lo que sigue para estos meses no está cantado porque los eventos extremos vienen caracterizando (para mal) la situación climatológica en todo el globo (en otros, por el cambio climático y el calentamiento global), incluyendo lo que se viene registrando en la costa Atlántica, con temperaturas tan oscilantes que estos días de enero parecen propios de un verano desquiciado, todo indica que las lluvias no faltarán.
Al menos, así lo informa el pronóstico trimestral (que toma hasta marzo inclusive) que elabora el Servicio Meterológico Nacional (SMN). Para la región del NOA y el sur de la Patagonia (al sur de Santa Cruz y Tierra del Fuego), la expectativa de lluvias es “normal o superior a la normal”. En cuanto al resto del país, dice el reporte en alusión a «las provincias del norte, región del Litoral, toda la franja central del país y el norte y centro de Patagonia”, se esperan lluvias dentro de lo “normal”.
En resumen, el verano 2026 en Argentina presenta un panorama mixto en cuanto a la posibilidad de incendios forestales. Mientras que la Patagonia enfrenta condiciones secas y altas temperaturas que aumentan el riesgo de incendios de gran magnitud, otras regiones del país parecen estar en una situación más favorable debido a las recientes precipitaciones. Sin embargo, la constante variabilidad climática y el aumento de eventos extremos a nivel global requieren una vigilancia continua y una preparación adecuada para hacer frente a posibles emergencias.
