La historia detrás del régimen iraní
Irán es un país capitalista que utiliza la religión como instrumento de control para mantener una extraordinaria desigualdad social. El principal vigilante del status quo es la Guardia Revolucionaria, columna vertebral del régimen, que no es solo una fuerza militar; es el actor económico más poderoso del país, un conglomerado empresarial central en el riñón petrolero, gasífero y mineral de la teocracia dispuesto a impedir cualquier cambio que dañe ese privilegio de poder.
El papel del petróleo en la historia de Irán
En la primera mitad del siglo pasado, el crudo iraní era controlado en su totalidad por la Anglo-Iranian Oil Company, antes llamada Anglo Persa Oil Company, predecesora de la actual British Petroleum. Como relata Tim Weiner en su notable «Legado de Cenizas», Irán poseía las mayores reservas petrolíferas de la época, clave para el desarrollo y la defensa británicos.
El golpe de 1953 y sus consecuencias
Winston Churchill había transformado la Armada Real antes de la Primera Guerra al sustituir el carbón por el petróleo; así, Irán se convirtió en la “estación de servicio” de esa flota. Pero también fue la mecha de una bomba social.
El ascenso del régimen teocrático
En el régimen desde sus inicios navega una importante ala moderada con mayor visión histórica que los halcones que han persistido por el ambiente de corrupción que define el lado más oscuro del país persa. Los moderados produjeron dirigentes como el ex presidente Mohammad Khatami, despreciado por Khamenei por su propuesta en la ONU del “Diálogo entre Civilizaciones”.
El impacto de decisiones políticas recientes
Ese acuerdo histórico fue derribado por Donald Trump en su primer mandato, presionado por Israel y por la corona saudita que recelaban del crecimiento de la influencia regional de Irán. Fue un fallido estratégico descomunal que devolvió el poder a los ultras, resignando una oportunidad única para erosionar el formato extremista del régimen.
En resumen, la historia de Irán está marcada por el control del petróleo, la intervención extranjera y la consolidación de un régimen teocrático que ha mantenido una fuerte desigualdad social y política en el país.
