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Juanse homenajeó a Pappo en una noche a puro rock y blues

Juanse homenajeó a Pappo en una noche a puro rock y blues

Una noche de rock and roll en honor a Pappo

El humo espeso que flota sobre Vorterix revela una verdad ineludible: es noche de rock and roll. El telón se abre como un velo que se corre para mostrar lo que de verdad importa. Un rugido se empieza a formar cuando suenan los primeros acordes de El hombre suburbano y el tributo cobra vida: Pappo está de vuelta, otra vez encarnado por Juanse y una banda que es como esas Harley que le gustaban a Norberto.

El espíritu de Pappo se hace presente

La cosa toma temperatura rápido. Malas compañías ya no es una canción, es un grito de guerra, y cuando llega Sucio y desprolijo, el teatro tiembla. El sonido es denso, compacto, y la guitarra de Nicolás Yudchak emana unos solos limpios y penetrantes, mientras Juanse lanza esos esos riffs que son como el ADN del rock. Entre canción y canción, el público canta con el corazón y las tripas: «¡Y dale Pappo, dale, dale Pappo!«, porque lo que está pasando ahí no es solo música: es una celebración de lo que fuimos y todavía somos.

La magia del escenario y los invitados especiales

Juanse sigue con Tomé demasiado, una gran postal del rock argentino. Blues local llega con esa frase que es una verdad absoluta: donde hubo fiesta, hubo amigos de verdad. Y entonces sube al escenario Gabriel Carámbula, un viejo zorro de mil y un rocanroles, para tocar Adónde está la libertad. Tres Gibson Les Paul escupen fuego al mismo tiempo, al igual que en Pájaro metálico, de ese álbum clásico que es Pappo’s Blues Vol. 3, de 1973. Cuando suena Una casa con diez pinos, el delirio es total.

Con los bises vuelve Pappo, porque siempre se vuelve a Pappo. Suben al escenario Fachi (bajista de Viejas Locas) y Sarco, porque el rock también es hermandad. El tren de las 16 y Ruta 66 suenan como lo que son: canciones de viaje eterno, de ir y volver, de nunca quedarse quieto. Juanse presenta a sus músicos. Una hora y cuarenta y tantos minutos después, el humo se disipa, el telón se cierra, y el espíritu del Carpo vuelve a las calles, a cada motor que va rumbo a Paternal.

Un tributo inolvidable a una leyenda del rock argentino

En resumen, la noche en Vorterix fue mucho más que un concierto de rock. Fue un viaje en el tiempo, un reencuentro con la esencia del género, un homenaje a un grande como Pappo. Juanse y su banda lograron capturar la magia y la energía que caracterizaban al Carpo, y con cada acorde, cada riff, cada canción, mantuvieron viva la llama del rock and roll argentino. Fue una noche para recordar, para celebrar, para sentir la música en lo más profundo del alma.

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