La economía argentina: Dosmilveintiuno Cambalache / Titulares de Economía

Es fácil de entender. Aquí no había un punto final, un auténtico nuevo «reinicio» fiscal que podría etiquetarse con la vieja frase de la ruleta: «Basta de ir». Entonces paraHay que invertir tiempo, tiempo y recursos uno a uno para frenar las previsibles expansiones del gasto público o los recortes de impuestos que, con razón, demandan prácticamente muchos sectores.. Guzmán está intentando todo lo contrario, intentando que el tema fiscal se comporte como una especie de juego de «punto congelado», en el que cada sector y, en definitiva, cada uno de nosotros permanece inmóvil sin quejarse y soportando así la situación como tal. está presupuestado en una «ley de leyes» a la que nadie, ni siquiera el propio Guzmán, le ha dado más importancia que un mero trámite administrativo. Queda claro entonces que Guzmán no es creíble cuando dice que busca el equilibrio fiscal. Lo que busca es contener la situación fiscal.

El saldo fiscal es algo que no debe ser meramente temporal, sino que la sociedad debe tomarlo como algo permanente durante mucho tiempo. Durante años. Así, cada «parche fiscal» lleva la huella indeleble de su anticipado y posiblemente confuso final en un mar de aumentos de precios. Y es muy lógico que así sea. Después de todo, ¿qué orden fiscal considerado permanente puede surgir de una situación tanto en términos de ingresos como en diferentes niveles de gasto público que es totalmente caprichosa? ¿Se puede creer en un esquema antiinflacionario que toma como punto de partida fiscal el momento de su implementación simplemente porque es el que cayó del cielo?

Pero si el pilar fiscal del esquema de Guzmán amenaza seriamente con hundirse, no es el único en ese sentido. Otro de sus pilares fundamentales: las «metas de inflación» no están desactualizadas en absoluto. Guzmán había dicho, justo antes de comenzar a retrasar la devaluación del tipo de cambio oficial, que la inflación bajaría seis puntos porcentuales al año para alcanzar niveles anuales de un solo dígito. Dijo esto sin siquiera sonrojarse, una clara señal de que no estaba tratando de ridiculizarnos, pero que realmente creía en lo que estaba prediciendo.

Nadie en ese momento le preguntó —quizás porque nadie se tomaba muy en serio sus palabras— cuál era el diseño del destino según el cual la inflación caería seis puntos al año y no cinco, cuatro u ocho o aumentaría diez o veinte. Y aunque esta afirmación pasó casi desapercibida, deberíamos haberle dado todo el «toque de luz» que se merecía, tanto para que comenzaran a surgir las preguntas muy lógicas como para indicarle al ministro que no debía seguir pensando en nosotros como estúpidos. Porque, ¿cómo es esta historia de que la inflación debe reducirse seis puntos porcentuales al año? ¿Con base en qué información y proyecciones fiscales, monetarias y externas predijo Guzmán? ¿Cuál es la costumbre de salir y retransmitir proyecciones desde hace varios años basadas en la propia nada? ¿Es posible creer que solo en Argentina, cuna del tango de Cambalache, habrá algún operador económico tan despistado como para creer en anuncios que no tienen ni rima ni razón?

Habría sido muy saludable si, cuando Guzmán dijo eso, nos hubiéramos reído mucho. Al menos eso hubiera impedido que el ministro utilizara ese increíble pronóstico inflacionario para pensar en esta mala idea de un esquema de descalce de monedas que él implementó y del que nosotros sufrimos. Porque, seamos sinceros, ¿de qué sirve aplicar “metas de inflación” en un contexto en el que la inflación es del dos, tres e incluso más del cuatro por ciento mensual? Ninguno.

El primer equipo económico del gobierno anterior se dio cuenta quizás demasiado tarde de que, con una tasa de inflación superior al 20% anual, era un gran error andar haciendo cálculos sobre si la inflación del próximo año debería ser cinco, siete o nueve puntos menor que el año actual. Cuando se dieron cuenta de que este había sido un pilar central con pies de barro en toda la política económica, ya era demasiado tarde. Peña tuvo que admitir esa realidad aquel 17 de diciembre, ante la monumental terquedad de Sturzenegger. Pero la crisis ya se avecinaba.

Cuando un país aplica en serio Metas de inflación Es porque tiene una tasa de inflación alta, pero se puede considerar normal y quieres reducirla. Es decir, con tasas de inflación del 5%, 8% y quizás -aunque no es seguro- hasta el 15% anual, tiene sentido regirse por metas de inflación. Cuando la inflación excede ese nivel, ya hay motivos para sospechar que un gobierno que intenta cumplir con las «metas de inflación» está haciendo algo mucho más alarmante que mentirle a la sociedad. Yo se…

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Fuente: www.ambito.com
Esta nota fué publicada originalmente el día: 2021-06-11 03:02:00