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La grieta silenciosa en edificios porteños: impacto de Airbnb

La grieta silenciosa en edificios porteños: impacto de Airbnb

Impacto de los alquileres temporarios en la convivencia en edificios

En muchos edificios de la Ciudad ya no se conocen todos por el nombre. La rotación es constante, las valijas entran y salen cada pocos días y el timbre suena más de lo habitual. Lo que para algunos propietarios representa una oportunidad de ingresos extra, para otros se convirtió en **un foco de tensión cotidiana**. El crecimiento de los **alquileres temporarios** está modificando la dinámica de los consorcios y poniendo a prueba la convivencia en edificios pensados originalmente para vivienda permanente.

**“En el último tiempo se notó más movimiento de alquileres temporarios”,** señaló a **Clarín** Gabriela Saldivia, secretaria general del Sindicato de Empleados de administradoras de la República Argentina (SEARA). El fenómeno no impacta igual en todos los edificios, pero sí introduce un cambio profundo: la previsibilidad desaparece. **“Un edificio deja de ser estable porque hay mucha rotación de gente y menos vínculo entre vecinos. Modifica la convivencia habitual, sobre todo cuando no hay reglas claras o no se respetan las normas básicas del consorcio”,** explicó.

Los reclamos se repiten. **Ruidos molestos (especialmente en horario nocturno), puertas de entrada que quedan abiertas**, más personas de las permitidas en el ascensor, uso intensivo de amenities y una sensación creciente de falta de control sobre quién entra y sale del edificio. **“Muchas veces el inconveniente surge porque quien alquila no transmite las reglas básicas del edificio”,** agregó Saldivia.

Laura Colucci, miembro de la comisión directiva de La Asociación inmobiliaria de edificios de renta y horizontal (AIERH), explicó que **no todos los edificios pueden destinar unidades al alquiler temporario**. **“Para que un departamento pueda funcionar como Airbnb tiene que estar autorizado por el reglamento de copropiedad. Allí se establece el destino de las unidades: vivienda familiar, apto profesional, oficinas o consultorios.** El alquiler temporario implica un uso distinto”, señaló.

Además, recordó que en la Ciudad existe un **Registro de Alquileres Temporarios** dependiente del Gobierno porteño, donde los propietarios deben inscribirse y completar formularios específicos. **“Hoy el tema se está complicando, sobre todo en edificios con amenities. Ya es difícil la convivencia entre propietarios e inquilinos permanentes; imaginate con huéspedes que cambian cada dos o tres días. Se delega muchas veces en el encargado la atención de los ingresos y ahí se generan conflictos”,** sostuvo. Según indicó, también aumentaron las mediaciones y reclamos formales vinculados a esta modalidad.

En barrios tradicionales, la discusión ya llegó a las asambleas. Fausto Rescher alquila en Recoleta. Le cuenta a **Clarín** que en su consorcio el principal problema es el ruido. **“Generalmente es gente que está de vacaciones y lleva otro ritmo esos días. Mientras se respeten los horarios de silencio no suele haber problemas. En otros edificios de mi zona sí hicieron asambleas para regular la situación, incluso para prohibirlas”,** relató.

Los testimonios de vecinos reflejan conflictos más concretos. Carla Manzor, que vivía en un edificio de Barracas, recuerda una etapa de fuerte tensión. **“Había ruidos a toda hora, mugre en pasillos y palier. Una vez hicieron un asado en la terraza, que no está habilitada para eso. Dejaban los ascensores abiertos y la puerta de ingreso quedaba abierta casi todo el tiempo”,** contó. Frente a la situación, la administración junto a propietarios e inquilinos decidió aplicar sanciones. **“Se empezaron a exigir requisitos, se pidió que los huéspedes leyeran el reglamento y finalmente se aplicaron multas bastante elevadas a los propietarios. Después de eso dejaron de alquilar temporariamente”,** aseguró.

En Almagro, Rika Kunisaki vive en un edificio donde el reglamento prohíbe el alquiler temporario, pero aun así se practica. **“Hace poco entraron con llave y robaron las bicicletas que se guardan en un área común”,** relató. **La seguridad es, justamente, uno de los puntos más sensibles.**

**“El principal reclamo hoy es la llave de ingreso. Si el edificio tiene una llave común, es difícil controlar cuántas copias circulan”,** explicó Saldivia. Por eso, muchos consorcios están migrando a **sistemas electrónicos o llaves codificadas que permiten registrar accesos**.

**¿Se pueden prohibir?**

La respuesta no es simple. **Depende del reglamento de cada edificio.** “Cada caso hay que analizarlo en particular”, explicó Saldivia. En edificios nuevos, muchos reglamentos ya contemplan expresamente el **alquiler temporario con fines turísticos**. En los más antiguos, en cambio, no se menciona porque es una modalidad que hace décadas no existía.

Matías Ruiz, de Administradores Independientes de Propiedad Horizontal, plantea que los alquileres con fines turísticos “desnaturalizan el destino de vivienda permanente” para el que fueron constituidos muchos consorcios. **“Es una actividad económica que tergiversa el uso de las partes comunes.** Los check-in en el hall bloqueando la circulación o el uso desmedido de amenities son ejemplos habituales”, explicó.

Sin embargo, no se trata de una postura de rechazo absoluto. **“No estoy en contra de este tipo de alquiler, pero debe realizarse en los consorcios que lo permita su Reglamento de Propiedad Horizontal, para no perjudicar el derecho de los demás propietarios”,** aclaró.

Algunos reglamentos prohíben el “alojamiento de pasajeros y/o pensiones”, y varios fallos judiciales interpretan que esa denominación antigua podría equipararse hoy al alquiler temporario. En caso de incumplimiento, **la acción posible es un juicio civil ordinario por cumplimiento de reglamento y daños y perjuicios.**

En la práctica, sin embargo, **la mayoría de los consorcios no busca prohibir sino ordenar**. “Es una decisión de los propietarios, siempre teniendo en cuenta el reglamento y la ley. En general, lo que se intenta es establecer reglas claras”, dijo Saldivia.

Quienes primero reciben el impacto del conflicto son las administraciones. **“Aumentaron las consultas. No llegan en su mayoría a instancias formales, pero sí piden intervención y asesoramiento legal para ordenar la convivencia”,** detalló la secretaria de SEARA.

**En la vida diaria, son los trabajadores de las administradoras quienes median entre propietarios,** vecinos permanentes y, muchas veces, huéspedes que desconocen las normas internas. Eso implica más tareas operativas y mayor exposición frente a tensiones que antes no eran habituales.

La convivencia en debate

Según Consorcio Abierto, el fenómeno no es exclusivo de la Ciudad. **En countries, barrios cerrados y destinos turísticos como la Costa Atlántica**, los conflictos se multiplican en temporada alta. Ruidos a cualquier hora, sobrecarga de ascensores, desgaste acelerado de espacios comunes y uso intensivo de piletas y gimnasios ponen a prueba la paciencia de quienes viven allí todo el año.

Lo que subyace es una tensión de fondo: el derecho individual del propietario a disponer de su unidad frente al derecho colectivo de mantener la tranquilidad y el destino habitacional del edificio.

Según sostienen los especialistas, esta problemática puede corregirse en las asambleas y derivar en **reglas concretas,** como limitar el acceso a amenities para alquileres temporarios de corta duración o establecer condiciones específicas de uso.

La clave está en **la comunicación y en la actualización de reglas.** Establecer condiciones claras de uso de amenities, registrar huéspedes y documentar reclamos son algunas de las medidas que se están implementando. **Las plataformas de alquiler temporario parecen haber llegado para quedarse**. El desafío ya no es su existencia, sino cómo integrarlas en edificios pensados para vecinos estables.

En resumen, el crecimiento de los alquileres temporarios está generando tensiones en los consorcios de edificios, afectando la convivencia entre propietarios, inquilinos permanentes y huéspedes. La falta de reglas claras, el incumplimiento de normas básicas y la necesidad de establecer límites para mantener la tranquilidad y el buen funcionamiento de los edificios son algunos de los desafíos actuales que enfrentan las comunidades de vecinos.

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