El legado de Juan Carlos “Cacho” Elías
Este domingo, en Necochea, murió Juan Carlos “Cacho” Elías, cofundador de los famosos churros El Topo, que se convirtieron en una parada obligada en las vacaciones en la Costa Atlántica, con colas tanto los días de sol como los de lluvia, y de madrugada, a la salida de los boliches.
Elías tenía 85 años y la noticia de su fallecimiento fue anunciada por la empresa a través de una publicación en su cuenta de Instagram.
Un emprendedor incansable
Elías fue impulsor del crecimiento de la marca desde fines de los años ’60. Luego de intentos fallidos por instalar churrerías en la Ciudad de Buenos Aires, fue en el verano de 1968 cuando “Cacho” y su amigo Hugo decidieron apostar por una localidad que aún no figuraba en el mapa gastronómico: Villa Gesell. Se instalaron en la peatonal 110 y con máquinas traídas de Capital Federal abrieron la primera fábrica.
Ahí encontraron el local más barato para ubicar la planta. Llamaron a un letrista para pintar la vidriera (no eran épocas de ploters ni vinilos), que les recomendó ponerle un nombre y así surgió El Topo por Gigio, ya que estaba de moda apodar negocios como personajes de la televisión. Para llamar la atención, los socios decidieron que el cartel con la palabra ‘churros’ debía estar al revés, así la gente se detendría a leerlo.
Expansión y crecimiento
En 1969, el emprendimiento se instaló en Necochea. Fue entonces cuando se inauguró la sucursal en la calle 83, que con el tiempo se transformó en una cita habitual de cada temporada.
Hugo gerenció la de Gesell y “Cacho” la de Necochea. Hugo confiaba en el crecimiento de Gesell y Cacho en el de Necochea, por lo que cada uno se quedó con cada local y conservaron solo la sociedad en la propiedad de la marca, respetando las fórmulas de elaboración de los productos y la calidad de ellos.
Innovación y adaptación
En 2022, abrió el primer local libre de gluten y apto para celíacos en Belgrano con los mismos precios que los churros convencionales. Luego sumaron opciones veganas por la alta demanda.
Asimismo, en distintos locales, la marca ofrece gustos dulces y salados. Más allá de los clásicos rellenos, tiene otros especiales como roquefort, leberwurst, palta y el sabor furor de los últimos meses: chocolate Dubái.
Legado y continuidad
El Topo no tiene franquicias, sino que los locales los manejan distintos miembros de la familia, que decidieron desembarcar en distintas zonas de la Argentina.
En 2009, la segunda generación expandió la presencia a Capital Federal. La primera sucursal abrió en Palermo. Les siguieron otras en Mar Azul, Pinamar, Bahía Blanca y Monte Hermoso. Más tarde, se sumó la tercera generación, que llevó la marca a otros puntos del país, como Bariloche.
Un legado que perdura
Juan Carlos “Cacho” Elías dejó un legado imborrable en la gastronomía argentina, convirtiendo a los churros El Topo en un clásico de la costa y expandiendo su presencia a lo largo y ancho del país. Su espíritu emprendedor, su carisma y su pasión por la excelencia en cada detalle han marcado a generaciones de clientes y a su propia familia, que continúa su legado con amor y dedicación.
