Datos divergentes con el discurso
Toto Caputo dejó claro cuál es el problema detrás de la polémica por el nuevo índice de inflación: todavía no se completó el cambio de precios relativos entre los bienes y los servicios. Como, por ejemplo, las tarifas de servicios públicos, que tienen un tramo aún por aumentar. Y si a eso se le suma el hecho de que esos servicios tendrán más peso en la canasta del Indec, el resultado será una suba explosiva en el IPC.
A eso se refirió el ministro de economía cuando dijo que todavía no era el momento adecuado para cambiar la metodología de medición, y que era mejor «esperar hasta que el proceso de desinflación esté consolidado».
¿Qué significa, para el gobierno, una desinflación consolidada? Para empezar, que haya un incremento en la demanda de pesos por parte del público. Como el propio Caputo se encargó de remarcar, hacia mediados del año pasado empezó un proceso de huida del peso, que llevó a que se dolarizara la mitad del agregado «M2 transaccional privado» -dinero circulante, depósitos en cuenta corriente y cajas de ahorro-.
En los planes oficiales, ese indicador, que es el principal para determinar la necesidad de pesos para el funcionamiento cotidiano de la economía, crecerá este año a un 6,3% del PBI, después de haber caído a un mínimo histórico de 5,7% del PBI.
Temor al efecto estadístico
¿Cuál es el problema concreto con el cambio de metodología del Indec? Que, al actualizar los consumos hogareños, incluyendo una serie de servicios que hoy son de consumo cotidiano y antes eran marginales -conectividad a internet, por ejemplo-, cambian drásticamente las ponderaciones de la canasta.
Hablando en números, mientras el rubro «vivienda, electricidad, gas y otros» se calculaba como un 9,4% del presupuesto familiar, ahora pasará a tener una ponderación de 14,5%.
Esto implica una mala noticia para el gobierno, que basó la caída inflacionaria del 2025 en el abaratamiento relativo de los bienes. Tras la apertura comercial, rubros que antes lideraban la inflación quedaron como los más estables. Los casos emblemáticos son la vestimenta y calzado, que apenas subieron un 15,3% en todo el año, y también los electrodomésticos y equipamiento del hogar, rubro en que los aumentos fueron del 19,3%.
Un gatillo para dólar, jubilaciones y paritarias
Pero, además, hay dos detalles sensibles: el primero es que las jubilaciones toman la inflación pasada como indicador para su ajuste mensual. El rubro de jubilaciones y pensiones es, por lejos, el de mayor peso en el presupuesto nacional, y viene en aumento: pasó de representar un 40,2% de los gastos corrientes en 2024 a un 45,3% en apenas un año.
El segundo detalle importante que trae aparejado un IPC al alza es que, como parte de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional -al que no le gusta el esquema de retraso cambiario-, Caputo aceptó que el techo de la banda de flotación del dólar tome como referencia al IPC. Es así que en febrero el tipo de cambio se moverá a una velocidad de 2,8% -que fue el IPC de diciembre-.
¿Para cuándo queda el cambio?
Después de la salida de Marco Lavagna del Indec y de la afirmación de Caputo sobre la necesidad de «consolidar la desinflación», el interrogante que se plantea en el mercado es cuál será la señal de que se llegó al momento adecuado.
Podría pensarse que recién se permita el cambio de metodología cuando haya pasado el período de subas estacionales de los servicios. Generalmente eso ocurre luego de marzo, cuando pasaron los ajustes en turismo y en el inicio del ciclo escolar.
El momento de menor riesgo relativo para estos cambios es el segundo trimestre, que coincide con el ingreso masivo de dólares de la exportación agrícola, y garantiza una mayor estabilidad macroeconómica.
En resumen, el gobierno enfrenta el desafío de consolidar la desinflación mientras se prepara para un posible aumento explosivo en el IPC debido al cambio de ponderaciones en la canasta del Indec y a la actualización de precios que estaban rezagados. La necesidad de pesos en la economía y la influencia en las jubilaciones, el tipo de cambio y las negociaciones salariales son algunos de los factores que se ven afectados por este escenario.
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