De Buenos Aires a Bariloche y de ahí, al mundo
La historia de Tiziano con el esquí es "un poco particular", porque a diferencia de muchos de los atletas con los que suele competir, él no nació en la montaña ni siguió una tradición familiar. Sus papás, que le encontraron de grandes el gusto a este deporte, lo mandaban junto a sus hermanos a la escuelita cada vez que iban de vacaciones a Bariloche. Así, aprendió de grandes instructores y siguiendo a Balthazar, su hermano mayor, se fue enganchando cada vez más.
"Cuando yo tenía cinco años, a Balthazar lo invitaron a una competencia nacional en San Martín de los Andes y lo acompañamos con mi viejo, sin saber absolutamente de esquí. Le fue muy bien, le gustó y entonces nos fuimos metiendo. A los 14 años ya me iba muy bien y era siempre campeón nacional y sudamericano de mi edad. Entonces empecé a competir internacionalmente. Y mientras seguía compitiendo, los resultados me iban demostrando que era bueno en lo que hacía y que podía seguir mejorando", recuerda.
-¿Crecer en una familia tan conocida, con mucha gente pendiente de todo lo que hacés, te generó más presión?
-Creo que no, porque crecer así fue algo “natural” para mí. Y mis padres desde chicos nos enseñaron cómo manejarnos en ese sentido, a entender que es una responsabilidad, pero también a disfrutarlo y a sacarle provecho. No me agregó presión. Mi familia fue siempre un apoyo muy importante desde lo emocional también. Entiendo que soy bastante privilegiado por la casa en la que nací, por los viejos que tengo, que son unos fenómenos, y por los hermanos que tengo, que son todos grosos, cada uno en lo que hace. Quizás al estar un poco más expuesto, cuando no tengo buenos resultados, tiene un poco más de impacto. Pero eso hizo que se abrieran algunas puertas en algún momento. Y esas oportunidades hay que saber aprovecharlas también. Es algo que estoy intentando hacer de la mejor manera, desde la responsabilidad y el respeto. Aprovechar las oportunidades que uno tiene es fundamental y parte del juego.
Su padres -que viajaron a Italia para acompañarlo en los Juegos- fueron también los que lo empujaron a estudiar una carrera universitaria luego de terminar el colegio secundario. "Yo tenía clarísimo que quería seguir con el esquí, pero en casa me dijeron que tenía que estudiar algo", cuenta. Un programa especial para atletas de la Universidad de San Andrés le dio la chance de viajar para competir mientras iba haciendo la carrera de Negocios Digitales.
"Me llevó un poco más de tiempo, porque hacía menos materias por semestre. Pero no me arrepiento. Cuando estaba en Buenos Aires me dio una rutina y es un cable a tierra a veces para desconectar la cabeza del esquí. Ahora me quedan siete materias. Si Dios quiere y yo me siento a estudiar, en diciembre termino. Y voy a tener un título que me va a dar otra oportunidad y una tranquilidad mental de tener otra puerta más abierta", comentó.
Gravier no tardó en conseguir buenos resultados a nivel nacional e internacional. Y, consciente de su potencial pero con los pies en al tierra, en 2016 se puso un objetivo ambicioso: clasificarse a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Lausana 2020. Tanto quería competir en esa cita que en 2019, cuando estaba por encarar el tramo final del proceso de clasificación, decidió dejar de jugar al rugby, que practicaba desde chiquito en SIC, para evitar una posible lesión. Y tuvo su premio: en los Alpes suizos consiguió un histórico séptimo puesto en el Super G y quedó a apenas 0s51 del sueco Adam Hofstedt, ganador del oro.
"Me puse ese objetivo y empecé a trabajar mucho. Fue duro dejar de jugar al rugby porque realmente lo disfrutaba y había hecho un grupo de amigos espectacular. Pero llegué a esos Juegos. Y ser abanderado y sacar un diploma olímpico con 18 años fue algo increíble. Ahí fue cuando me di cuenta que me gustaba mucho lo que hacía y que competir con los mejores del mundo me llenaba muchísimo. Esos Juegos me hicieron hacer un click porque estuve a la altura y a centésimas de conseguir una medalla olímpica", recuerda.
Entonces su evolución se potenció. En 2021, en su primer Mundial de mayores en Cortina, fue 22° puesto en el Slalom Gigante. Hoy ya tiene tres Mundiales disputados. En 2024 y el año pasado brilló en las Copas Sudamericanas y consiguió resultados que le permitieron llegar al primer lugar del ranking sudamericano de Slalom Gigante y entrar al circuito de Copas del Mundo, la elite de su deporte. Y hoy, afianzado entre los mejores 50 del mundo -apunta a meterse entre los 20 a mediano plazo-, está muy ilusionado con hacer historia para el esquí argentino en Milano-Cortina..
Un par de conceptos para entender mejor el esquí
"El esquí no es un deporte muy popular en Argentina", desliza Tiziano durante la charla con Clarín. Consciente de esa realidad, no tiene problemas en tomarse unos minutos para explicar algunos conceptos del deporte que lo apasiona.
El primero: la importancia del equipo. "Yo compito solo pero tengo un montón de gente atrás que me ayuda una barbaridad. Mi entrenador Pierre Gaidet; los preparadores físicos Pablo Garcia y Edoardo Quiroga, el técnico que me hace los esquís, Federico Murtagh; los kinesiólogos Belen Moreschi y Lucas del Punta; y mi psicólogo Fernando Saccone. Entonces, es un trabajo recontra de equipo", cuenta.
Explica además que los esquís pueden personalizarse para cada atleta -como un jugador de tenis hace con sus raquetas- y que deben "prepararse" cada día antes de competir.
"En esquí alpino hay cuatro disciplinas, Slalom, Slalom Gigante, Super Gigante y Descenso. Para cada disciplinas hay reglamentaciones estrictas sobre qué esquís se pueden usar. Si nos ponemos muy técnicos, hay muchas cosas que podés personalizar, como por ejemplo dónde ponés las fijaciones (que es donde se engancha la bota) o qué tipo de bota elegís. Pero a lo que llamamos "prepararlos" tiene que ver con los cantos, que son los metales que están al costado de los esquís y es lo que nos hace girar. Están afiladísimos como si fuesen cuchillos porque al final nosotros esquiamos más en hielo que en nieve. Por eso yo tengo una persona que me "hace" los esquíes todos los días. Sería algo así como un mecánico de Fórmula 1", aclara.
Y describe las diferencias básicas que hay entre una disciplina y otra.
"En todas las disciplinas el objetivo es llegar abajo esquivando las banderitas en el menor tiempo posible. Lo único que cambia entre disciplinas es la distancia entre las curvas, lo que hace que cambie también la velocidad a la que uno baja", resume.
Y agrega: "La técnica de base en esquí es siempre la misma, pero al hacer distintos tipos de curvas hay distintos recursos y herramientas que son más propios de una disciplina que de otra. También físicamente son distintas. El Slalom son curvas más cortas, de 10 metros, capaz que vas a 50 kilómetros por hora, pero el ritmo es más alto y son apoyos más intensos, entonces capaz es una disciplina más física. El Slalom Gigante son curvas de 25-30 metros y la velocidad es otra, llegás a superar los 90 kilómetros por hora".
Conclusión
Tiziano Gravier es un ejemplo de superación y dedicación en el mundo del esquí alpino. Con una trayectoria marcada por el esfuerzo y el trabajo en equipo, ha logrado posicionarse entre los mejores atletas argentinos en esta disciplina. Su pasión por el deporte y su determinación para alcanzar sus metas lo han llevado a representar a su país en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina. A través de su historia, podemos apreciar la importancia de la preparación física, mental y técnica en un deporte de alto rendimiento como el esquí alpino.
