Mejores perspectivas para un nuevo año

Si tomamos los sectores mencionados, lo vemos claramente: la producción de electrodomésticos aumentó un 46,9%; electrónica de consumo 54%, exportaciones mineras 20; y la producción de vehículos; 56,2%.

Esta anémica recuperación también se está produciendo en la producción de acero, que se espera que aumente un 4,8% en 2022 y ya ha crecido un 31,5% este año. La construcción en 2022 tendrá una mejora a razón del 4%, y este año ya había llegado al 30,2% y la producción de productos farmacéuticos, que en 2022 aumentaría un 4%, se redujo a la mitad, frente al 8,9% en 2021.

La actividad agrícola tiene perspectivas heterogéneas: la venta de maquinaria agrícola aumentará un 2,7% en 2022, frente al 14,4% de este año y la venta de fertilizantes aumentará 1,5 frente a 12,8 en 2021. La producción agrícola (cultivo valorado) se mantiene estable en 2022 (+ 0,3 %) frente a un aumento del 28,4% en 2021, mientras que la trituración de soja crecerá un 2,1% frente al 17,4% en el año en curso. Por otro lado, la molienda de trigo tendrá un mejor 2022 con un 4%, recuperándose de la caída de este año (-3,9%)

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Una macro desafiada y los desafíos de la disrupción tecnológica

Las industrias argentinas enfrentan el desafío de manejar una agenda dual: una de obstáculos, con una mayor incertidumbre a corto plazo reflejada en altas presiones cambiarias, reservas decrecientes y expectativas crecientes de devaluación; en un marco de deterioro estructural a largo plazo que plantea desafíos.

Y el otro: el de los catalizadores, con la aceleración y confirmación de un nuevo camino en las preferencias de los consumidores, la aceleración de la agenda de sostenibilidad, cambios en la espacialidad y en el mundo laboral que imponen la necesidad de transformación y ofrecen oportunidades para agregar valor.

Los últimos proyectos de ley enviados al Congreso intentan brindar alguna orientación para orientar la actividad productiva en estos desafíos: los incentivos propuestos no son claros y, en algunos casos (Ley de Inversión Automotriz, Ley de Contenedores y Ley de Electromovilidad, entre otros) confunden los desafíos actuales con la Necesidad de brindar una perspectiva estratégica, coordinada con las empresas y creíble.

La economía entra en 2022 con fragilidad política y desafíos macroeconómicos, con las autoridades obligadas a hacer algunas correcciones (aranceles y déficit fiscal), alta inflación y crecimiento modesto.

La normalización de las actividades presenciales y el consumo de revancha colocan el entretenimiento y la hospitalidad como tractores para una recuperación de bolsillos delgados (aunque la amenaza de Omicron desafía a quienes dependen del turismo receptivo). Las «restricciones COVID» y las super-acciones con bajos salarios en dólares generan turistas cautivos y sostienen un consumo indulgente.

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El sesgo intervencionista ofrece oportunidades para inversiones al contado de rápido vencimiento y protege el mercado en sectores sensibles a las importaciones. La ficha técnica es breve: las restricciones a la importación limitan el desarrollo de algunos mercados: limitan la diversidad de modelos disponibles y dan incertidumbre sobre algunos insumos.

A la gestión de las importaciones se suman los riesgos de distorsión de las cadenas de valor internacionales, con industrias ya afectadas por la crisis de los chips y semiconductores, así como por la presión de costos por el aumento de los precios de los insumos difusos: vidrio, plástico y acero. , entre otros.

Para quienes dependen del Presupuesto Nacional, las señales son ambiguas. En el caso de las obras públicas, aunque las licitaciones van a buen ritmo, los pagos son tensos. Por el lado tarifario, se anunció un ajuste promedio del 20%, que no alcanza para compensar el retraso, ya que la inflación acumulada en los últimos dos años impide una normalización en el corto plazo.

En petróleo y gas, el foco está en garantizar el suministro nacional, en medio de una discusión en curso sobre la ventana de oportunidad que tiene Vaca Muerta ante la aceleración de la electrificación del transporte y la transición energética. En el caso del petróleo, la diferencia está en manos de quienes saben exportar, aunque garantizan el barril criollo. En el caso del gas, el Plan de Gas avanza favorablemente, más aún en un contexto de alza de los precios del GNL en todo el mundo.

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Fuente: ambito.com