Más previsibilidad, menos margen
En diciembre las expensas en la Ciudad de Buenos Aires subieron solo un 1% respecto a noviembre, acumulando un incremento del 34,7% a lo largo de 2025, por encima de la inflación que fue del 31,5%. Este aumento fue más ordenado que en años anteriores, lo que permitió mayor previsibilidad en los ajustes. Sin embargo, esta estabilidad convive con un problema creciente de morosidad. Según Consorcio Abierto, el 17% de las unidades funcionales mantiene deudas, una proporción constante a lo largo del año en la Ciudad y en la Provincia de Buenos Aires.
Morosidad en alza y edificios en rojo
José Murga de Idata revela datos preocupantes: la morosidad en la Capital Federal alcanzó el 31% en el último mes, mientras que en la costa llegó al 42%. Esta situación lleva a consorcios con saldos negativos que se ven obligados a financiarse con deudas a proveedores o incluso a los propios administradores. La presión también recae en los inquilinos, quienes enfrentan ajustes por IPC en los alquileres y un aumento constante en las expensas, generando una alta rotación de unidades y complicando la convivencia en los edificios.
Obras postergadas y mantenimiento mínimo
Ante el panorama de aumentos permanentes y morosidad creciente, muchos edificios optan por recortar en el mantenimiento preventivo, postergando obras fundamentales. Esto significa que solo se realizan las reparaciones urgentes, dejando de lado mejoras planificadas y arreglos estructurales. La falta de recursos financieros limita la capacidad de los consorcios para afrontar gastos adicionales, lo que se traduce en una situación de subsistencia donde se evita aumentar aún más las expensas para no generar resistencia en los propietarios.
Cuando la crisis se vuelve conflicto
La falta de dinero no solo afecta la economía de los consorcios, sino que también impacta en las relaciones entre vecinos. Conflictos internos que antes eran entre el administrador y el consorcio ahora se multiplican entre propietarios, generando tensiones y divisiones. En edificios pequeños, un solo deudor puede desestabilizar todo el esquema financiero, afectando directamente la convivencia y el clima interno. Estas disputas pueden escalar rápidamente y llegar a ser judicializadas en un porcentaje significativo de casos.
En resumen, la morosidad en los consorcios está en aumento, lo que dificulta la realización de obras necesarias y el mantenimiento adecuado de los edificios. La falta de recursos financieros y la creciente conflictividad entre vecinos reflejan la difícil realidad económica y social que atraviesa la sociedad argentina en la actualidad.
