El caso de Matías Jurado: un asesino serial en Jujuy
Matías Jurado (37) está preso acusado de haber matado a cinco personas en pocos meses siguiendo un mismo patrón: todas las víctimas eran hombres vulnerables, que rebotaban entre el alcohol y las calles cercanas a Alto Comedero (Jujuy), donde él vivía en un rancho inmundo.
Generalmente los días viernes, los llevaba a su casa con una excusa, allí los estrangulaba y luego- se cree- quemaba sus cuerpos y esparcía los restos por basurales de la zona.
El perfil de un asesino
Embrutecido pero calculador, con un pasado de abusos y media vida tras las rejas, Jurado es lo más parecido a un asesino serial que tuvo nuestro país. Sólo el ambiente de extrema pobreza y marginalidad mantiene medio oculta su historia de violencia.
El fiscal Guillermo Beller está convencido de que Jurado mató a muchas personas, pero por lo pronto pudo acusarlo de cinco homicidios basado en que en la casa donde vivía junto con un sobrino se tomaron muestras de ADN que se corresponden con cinco hombres desaparecidos en 2025.
La investigación y las pruebas
Jurado vivía en la mugre pero limpiaba obsesivamente cualquier rastro. Aun así se pudieron asilar siete perfiles genéticos y ponerle nombre a cinco. Ahora solo quedan dos «ADN abiertos» y por eso la Justicia hizo un llamado público para que cualquiera que tuviera un familiar desaparecido se presentara a dar una muestra de sangre.
«En una semana nos contactaron ocho familias que ahora se sacaran las muestras», le explicó Beller a Clarín.
El lado oscuro de Matías Jurado
A simple vista se nota que Matías Jurado -o «El Gringo» como algunos lo conocían- es un tipo duro. Tiene el pecho cruzado de arriba a abajo por una enorme cicatriz y al menos seis marcas de puntazos en su abdomen, junto con tres tatuajes. Habla poco y no admite haber hecho nada malo.
Desde el 1° de agosto de 2025 -un día después de su detención en su casa de Alto Comedero-, vive prácticamente solo en el pabellón de máxima peligrosidad del penal de Gorriti.
El perfil psicológico de un asesino
Además de evaluarlo como imputable -por lo que irá a juicio-, lo definieron como un sociópata: «Alguien que se caracteriza por marcada falta de empatía hacia los demás, un fuerte egocentrismo y el desprecio por las normas sociales. Tiende a actuar impulsivamente, con baja tolerancia a la frustración, lo que puede derivar en conductas agresivas o violentas».
Institucionalizado desde adolescente y con una historia no oficializada de abusos, Jurado se mueve como un experto en saber qué decir y qué no para no incriminarse. El fiscal Beller nunca logró que declare en la causa.
El modus operandi y las pruebas
Jurado parece tener un doble estándar de limpieza. Por un lado, su casa era un desorden total y los antropólogos forenses que trabajaron en el lugar percibieron un fuerte olor a “grasa humana”. Por otro, costó encontrar rastros porque limpió todo muy bien e, incluso, en una de las entrevistas con las psicólogas se quejó de la suciedad de la cárcel.
En la casa de Jurado se tomaron 61 muestras, 24 de ellas de sangre. A su vez, de estas últimas se lograron extraer 21 perfiles genéticos, incluyendo el los de las tres personas que vivían en la llamada «casa del horror»: el acusado, su sobrino y su padrastro.
El testimonio clave y los detalles escalofriantes
Un testimonio clave contra el sospechoso fue el de su sobrino. El chico de 16 años vivía aterrado, tan aterrado que se orinaba en la cama. Su mamá -en situación de calle y adicciones- lo había mandado a vivir con su tío y su abuelo para cuidarlo porque ya estaba muy grande.
En la vivienda, la Policía halló una historia espeluznante: el sobrino del acusado les contó que todos los viernes su tío se iba a la antigua estación terminal -un aguantadero de todo tipo- y volvía con un hombre mayor, lo sorprendía por la espalda, lo estrangulaba y luego lo quemaba en el patio. Su radio de acción también incluía el barrio Mariano Moreno, donde habría levantado al menos a dos de sus victimas.
Conclusiones
El caso de Matías Jurado es un ejemplo extremo de la violencia que puede surgir en contextos de extrema marginalidad. Su historia, marcada por abusos, violencia y crueldad, pone en evidencia la importancia de abordar las problemáticas sociales desde una perspectiva integral para prevenir tragedias como esta en el futuro.
