El arte de invertir en 2026
El inicio de un nuevo año suele funcionar como un punto de partida. Es el momento en el que muchas personas revisan objetivos, ajustan hábitos y se proponen cambios para mejorar distintos aspectos de su vida: la salud, el desarrollo personal o profesional y, también, las finanzas.
En este último aspecto es donde pondremos el foco. El comienzo de 2026 puede ser el empujón necesario para dar los primeros pasos en el mundo de las inversiones o para replantear estrategias ya existentes. Warren Buffett destaca que «no es necesario hacer cosas extraordinarias para conseguir resultados extraordinarios», y por eso no se necesita un gran capital para invertir de manera eficiente.
Conceptos básicos de la inversión
Invertir implica entender qué se está haciendo, qué instrumento se elige y de qué factores depende su rendimiento. En términos simples, invertir es asignar dinero -capital- a distintos activos con el objetivo de que crezca en el tiempo. Ese crecimiento responde al llamado valor del dinero en el tiempo: postergar consumo hoy para obtener capital e intereses en el futuro. Ese resultado se mide a través del rendimiento, que puede ser positivo o negativo.
Entendiendo el concepto, debemos tener en cuenta que el desempeño de una inversión depende de varios elementos: el riesgo asumido, el horizonte temporal, los costos, el tipo de activo elegido, la inflación y, especialmente, el contexto económico, social y político. Este último suele ser subestimado, pero es determinante, ya que condiciona tanto los resultados como las decisiones de inversión.
Escenario económico para 2026
Para invertir en 2026, es clave partir de los supuestos macroeconómicos. A nivel local, el escenario esperado combina crecimiento moderado, desaceleración inflacionaria y una política monetaria menos restrictiva.
En el plano global, se espera:
- Un crecimiento económico moderado pero desigual, en torno al 2,9%.
- Inflación contenida en las principales economías, con Estados Unidos en torno al 2,6% y la zona euro cerca del 2%.
- Políticas monetarias más flexibles, aunque a distintas velocidades.
- Riesgos latentes vinculados a tensiones geopolíticas, deuda y avances tecnológicos.
Con este marco, el siguiente paso es definir qué tipo de activos incorporar, en función del perfil de riesgo y los objetivos de cada inversor.
Opciones de inversión para 2026
La renta fija vuelve a posicionarse como alternativa atractiva por la posibilidad de obtener rendimientos reales positivos, si el proceso de normalización y estabilidad macroeconómica logra mantenerse.
Dentro del universo en moneda local, los instrumentos en pesos adquieren protagonismo por las tasas nominales elevadas que, bajo determinados supuestos, pueden superar el nivel de la evolución de precios. Los bonos a tasa fija llaman la atención como opción en escenarios donde la inflación continúa desacelerándose, ya que permiten «congelar» un rendimiento que mejora en términos reales a medida que bajan los precios.
En el segmento de renta fija en dólares, el interés se mantiene por su función de cobertura frente al riesgo cambiario y por la posibilidad de capturar una mejora en la percepción del riesgo país.
Conclusión
El comienzo de 2026 puede ser una buena excusa para dejar de postergar decisiones financieras. No hace falta un gran capital ni asumir riesgos excesivos, pero sí entender el contexto, elegir instrumentos acordes y tener claro que invertir es un proceso.
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