Dólar: el precio del peso volvió al centro
El dólar atraviesa una fase de aparente quietud, pero el mercado dejó de mirar solo el precio y pasó a auditar el «cómo» de esa calma. La estabilidad ya no se interpreta como un dato aislado: se analiza como el resultado de un tablero de pesos y dólares que puede sostener el equilibrio… o romperlo.
En esa lectura, el foco se corrió hacia tres variables que, juntas, explican buena parte del clima actual: liquidez en pesos, acumulación de reservas y tasa de interés. Cuando cualquiera de esas patas pierde consistencia, la calma cambiaria se vuelve frágil y reaparece la demanda de cobertura.
La «micro» del dólar
La micro del mercado cambió por una razón tangible: se agotó la principal fuente de liquidez que venía funcionando como amortiguador. Los pasivos remunerados del BCRA, que en el régimen actual habían sido el gran «tanque» de pesos del sistema, cayeron significativamente en las últimas ruedas.
En paralelo, 1816 puso la lupa sobre otro número que condiciona el corto plazo: los depósitos en pesos del Tesoro en el BCRA bajaron a un nivel preocupante. Con esa caja más chica, cualquier necesidad de comprar dólares o cubrir pagos puede acelerar movimientos que, de otro modo, serían graduales.
Reservas: la condición que exige el mercado
Con tasas que ya volvieron a un nivel más consistente, la discusión se mudó al frente externo. El Gobierno enfrenta un trilema en el corto plazo: retomar desinflación, reimpulsar actividad y fortalecer reservas internacionales.
Si el mercado exige reservas y consistencia, la tasa también se vuelve una herramienta de administración del equilibrio. La autoridad monetaria tiene flexibilidad para manejar la liquidez, y la tasa termina funcionando como un instrumento condicionado a lo que se busca para el mercado spot.
Qué puede «romper» el equilibrio
El origen de los dólares también importa para proyectar la estabilidad. Una parte relevante de las divisas que vienen apareciendo se explica por endeudamiento del sector privado.
En cuanto al «fondo» externo, 2025 cerró con un superávit comercial, aunque con una composición llamativa. Esa composición sugiere un sostén sectorial, pero no elimina el desafío de corto plazo que imponen los pagos y el nivel inicial de reservas.
Conclusión: qué puede pasar con el dólar según el tablero que mira la City
El dólar puede seguir sin moverse si se consolida el «triángulo» que el mercado exige: reservas en aumento, una tasa en pesos compatible con nominalidad y riesgo, y un riesgo país que retome la compresión. Ese escenario no es automático: depende de continuidad operativa y señales verificables.
El equilibrio se puede romper si alguno de esos pilares falla. Si la acumulación de reservas se frena, si las expectativas vuelven a subir sin ancla o si el riesgo país se queda clavado sin mejoras, el mercado tiende a reabrir coberturas y el tipo de cambio recupera presión.
En resumen, el dólar se mantiene estable en un contexto donde la liquidez en pesos, la acumulación de reservas y la tasa de interés juegan un papel crucial. Sin embargo, cualquier desequilibrio en estas variables puede provocar una reacción en el mercado cambiario. La clave está en mantener un equilibrio entre estos factores para garantizar la estabilidad del tipo de cambio.
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