El operativo de Estados Unidos en Venezuela que resultó en la captura del dictador Nicolás Maduro ha generado una gran conmoción a nivel mundial. Diversos países han expresado su postura sobre la situación en Caracas, destacando la intervención militar estadounidense y sus consecuencias.
En América Latina, el presidente colombiano, Gustavo Petro, ha ordenado el despliegue de tropas y de ayuda humanitaria ante la posibilidad de un ingreso masivo de venezolanos por la frontera. Petro rechazó la agresión a Venezuela y a la región, haciendo hincapié en la importancia de la autodeterminación de los pueblos para resolver conflictos internos en paz.
Por su parte, México condenó la intervención militar y llamó al respeto del derecho internacional, instando a cesar cualquier acto de agresión contra el gobierno y pueblo venezolanos. La presidenta Claudia Sheinbau reafirmó la importancia de respetar la integridad territorial, citando la Carta de las Naciones Unidas.
En Chile, el presidente Gabriel Boric condenó el ataque militar estadounidense contra Venezuela y solicitó a la comunidad internacional buscar una solución pacífica a la crisis en el país. Boric reiteró la adhesión de Chile a los principios fundamentales del derecho internacional y a la resolución pacífica de controversias.
En el ámbito internacional, Irán, Rusia y Cuba se pronunciaron en defensa de Maduro. Irán condenó firmemente el ataque militar estadounidense, mientras que Cuba denunció un «terrorismo de Estado» contra el pueblo venezolano. Rusia exigió una aclaración inmediata sobre el paradero de Maduro, mostrando su profunda preocupación y condena por la agresión armada.
En Europa, la Unión Europea llamó a la moderación y reafirmó su posición sobre la falta de legitimidad de Maduro. España, Alemania e Italia expresaron su preocupación por la situación en Venezuela y se mantuvieron atentos a la evolución de los acontecimientos.
En resumen, la intervención militar en Venezuela ha generado reacciones encontradas a nivel internacional, con países defendiendo tanto la soberanía de Venezuela como la necesidad de respetar el derecho internacional y buscar una solución pacífica a la crisis. La comunidad internacional se encuentra dividida ante esta situación, que plantea desafíos importantes para la estabilidad regional y la diplomacia internacional.
