La noticia de la quiebra judicial de las plantas lácteas gestionadas por Maralac S.A. ha dejado a más de 500 trabajadores sin empleo. En particular, las instalaciones de Alimentos Refrigerados Sociedad Anónima (ARSA) y La Suipachense han cerrado de manera definitiva, impactando a toda la comunidad.
Cierre de ARSA y fin de la producción bajo licencia de SanCor
ARSA bajó las persianas de sus plantas en Lincoln (Buenos Aires) y Monte Cristo (Córdoba) tras la declaración de quiebra en noviembre de 2025. La decisión fue tomada por el juez Federico Güerri, quien ordenó la liquidación total de la compañía al no haber interesados en su rescate. Esta empresa elaboraba productos bajo licencia de SanCor, como yogures y postres, marcas que desaparecerán del mercado de refrigerados.
La clausura de las plantas ha dejado sin trabajo a más de 300 empleados entre Buenos Aires y Córdoba. La historia de ARSA, nacida en 2016 para adquirir la división de productos refrigerados de SanCor, termina en un triste final luego de años de problemas financieros.
El derrumbe financiero de ARSA fue paulatino, con atrasos salariales, suspensiones y cortes de energía debido a deudas crecientes. A pesar de los intentos de reactivación, la empresa no logró salir adelante, dejando a cientos de familias sin sustento.
La quiebra de La Suipachense
La Suipachense, también administrada por Maralac a través de Lácteos Conosur S.A., sufrió un destino similar al de ARSA. Con 70 años de historia, la empresa pasó de procesar 250.000 litros diarios de leche a tan solo 40.000 antes de quedar paralizada.
La Justicia ordenó la liquidación de La Suipachense, dejando a unas 140 personas sin empleo. El deterioro productivo y los conflictos internos llevaron a esta triste conclusión, que afecta aún más a la comunidad de Suipacha.
Durante el proceso, los trabajadores de La Suipachense llegaron a ocupar el predio en reclamo de salarios y aguinaldos adeudados, evidenciando la angustia y la desesperación de quienes dependían de esta empresa para subsistir.
En resumen, el cierre de ARSA y La Suipachense representa no solo la pérdida de empleos, sino también el fin de marcas reconocidas en el mercado de productos lácteos. La falta de interesados en rescatar estas empresas, sumada a los problemas financieros acumulados a lo largo de los años, ha llevado a esta triste situación que impacta a cientos de familias en Argentina.
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