Se acabaron las fichas

Se acabaron las fichas

Tras la renuncia de Martín Guzmán, ni Alberto Fernández ni su jefe político, el expresidente interino, estaban convencidos de entregar las riendas del gobierno al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Silvina Batakis no era la persona deseada para encarrilar la economía, pero fue la única que dijo que sí en el aquelarre que se llevó a cabo a principios de julio, durante el fin de semana en el que Martín Guzmán renunció a su cargo.

El plan Batakis fue un fracaso provocado por la resistencia de Alberto Fernández al ingreso de Massa al gabinete, que terminó convirtiéndose en una bomba que estuvo a punto de hacer implosionar al gobierno. No había otra opción, entonces, que ir a Massa. Ningún economista de renombre y prestigio accedió a subirse a este Titanic. CFK y AF tuvieron que dejar de lado sus temores y ungir al presidente de la Cámara de Diputados como ministro de Economía con facultades para manejar las demás áreas vinculadas a su cartera. Para el tigrense es un trampolín para la elección presidencial de 2023 y, para los dos jefes del Ejecutivo, un competidor que, con muy pocos logros, podría convertirse en serio. Un detalle sirve para definir la psicología del nuevo ministro: la noche del jueves, algunos de sus colaboradores se comunicaron vía WhatsApp con las redacciones de algunos canales para quejarse de que en los zócalos no lo trataron con el título de «superministro» (sic) .

¿Qué pasó entonces para que accedieran a poner tanto en juego?

La primera señal de alarma vino de Washington. Un economista que conoce la idiosincrasia del poder económico fue contundente: «Se dieron cuenta de que Batakis tenía buenas intenciones, pero también les quedó claro que carecía de la experiencia técnica para manejar una situación extrema y que no tenía un plan».

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La segunda alarma fue más un balde de agua fría. La reunión del miércoles pasado entre el Presidente y los gobernadores fue decisiva. Fernández trató de acercarlos luego de la reunión de los jefes provinciales en el CFI. El desaire fue total. “Le dieron la vuelta a la cara y marcaron la cancha como nunca antes. Le advirtieron que ya no tenía margen de maniobra y que no estaban dispuestos a hundirse con él”, aseguró el asesor de uno de los mandatarios fuertes del norte argentino. AF no tuvo más remedio que ceder y aceptar el plan SM, que no todos los dirigentes provinciales del peronismo quieren. Hasta el momento, no ha habido una catarata de apoyo público al Tigrense.

El presidente se quedó sin fichas. Está terminado. Todavía tiene un puñado de funcionarios de confianza en todo el gobierno: Santiago Cafiero, Juan Manuel Olmos, Claudio Moroni, Vilma Ibarra y Gabriel Katopodis. Vilma Ibarra está en la mira de CFK, quien nunca le perdonará las críticas que escribió sobre ella en su libro Cristina versus Cristina.

Los signos son claros y muestran la realidad. El jueves por la tarde fue el propio Massa quien visitó a CFK en su despacho del Senado. Ambos se conocen de memoria y no se tienen confianza. “Si Massa sube el perfil y hace bien dos pases seguidos, cuando aparezca la primera encuesta de imagen que indica su crecimiento, CFK le va a picar y empezará una nueva disputa de poder. Por más ampulosos que sean los titulares de los diarios, lo único que tenemos por delante es un nuevo reloj de arena que ayude al oficialismo a llegar más holgado a fin de año”, resumió un peronista de la Cámara de Diputados.

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“Batakis se había reunido con la máxima dirección del FMI ya su regreso la esperaron con un portazo. Esos descuidos muy argentinos en el exterior tendrán consecuencias, por mucho disfraz de superministro que se ponga Massa. Para el mundo es uno más”, aseguró un operador económico internacional que conoce de cerca esta dinámica.
Daniel Scioli fue el otro gran periódico. Tras afirmar entre sus compañeros que “el Ministerio de la Producción estaba hecho a su medida”, tuvo que hacer las maletas para regresar a la embajada en Brasil.

Por si esto fuera poco, el FMI desmintió información difundida por el Gobierno que indica que Alberto Fernández habría comunicado vía telefónica a Kristalina Georgieva la decisión de designar a Sergio Massa como nuevo ministro de Economía. Infantilismo negligente. Esa conversación nunca sucedió. Lo destacable es que esta información falsa fue filtrada por la propia AF.

Massa y su séquito son muy activos operando en círculos de medios relacionados. A partir de ahí dejaron trascender algunas de las medidas que anunciaría el próximo miércoles. Algunos de los economistas a los que consulta ya han salido a aclarar que de ninguna manera pretenden incorporarse al Gobierno.

El nuevo ministro también quería tener bajo su control a la AFIP y al Banco Central. CFK le dijo que no. Los datos no son menos. Uno de los ejes del manejo del área económica es la política monetaria, que depende directamente del BCRA, cuyo presidente, Miguel Pesce, supo tener frecuentes encontronazos con el exministro Guzmán. De hecho, este fue un tema que estuvo entre las causas que lo llevaron a renunciar. Pesce ha estado sosteniendo al pie de la letra que no es necesaria una devaluación. Sin embargo, todos los economistas consultados por Massa piensan exactamente lo contrario. La idea de darle al campo un dólar de exportación equivalente al dólar bursátil representa una devaluación.

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Otra área clave que Massa no manejará es la energía. Se habla de que, por la buena relación que tiene el tigrense con Máximo Kirchner, ahí no habrá sorpresas. Lo cierto es que la segmentación tarifaria, medida necesaria para reducir los subsidios y bajar el déficit del Estado, llevará mucho tiempo y estará cargada de un enfoque ideológico que generará conflictos.

Culmina así un proceso que ha representado un golpe institucional nunca visto en la historia argentina. El que está a cargo es el vicepresidente. Alberto Fernández ha quedado reducido a ser una caricatura risueña de una mitología casera.

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Fuente: diariocordoba.com.ar

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