Una leve recuperación del poder adquisitivo
¿Se da vuelta la realidad de los últimos tiempos? Después de una extensa sucesión de meses en los que la inflación licuó el poder de compra de los salarios, ahora empiezan a aparecer algunas señales que permiten pensar en una lenta recuperación del ingreso de las familias.
La desaceleración del índice de precios comenzó a darle algo de aire a las negociaciones salariales y eso abre una ventana de alivio para el bolsillo.
Esa mejora todavía convive con un obstáculo de peso: el fuerte aumento de las tarifas de los servicios públicos, que continúa absorbiendo una porción creciente de los ingresos familiares.
Leve mejora pero mejora al fin
La primera noticia positiva proviene del mercado laboral formal.
Según el informe, el salario del sector privado registrado aumentó 4% nominal en abril, en promedio, lo que implicó una mejora real del 1,4%, favorecida por la desaceleración de la inflación.
El dato refleja el impacto de varias negociaciones paritarias que concentraron los mayores incrementos durante ese mes.
Más allá del salto puntual de abril, la consultora considera más representativo observar el promedio del segundo trimestre. Bajo esa metodología, estimó que los salarios privados crecieron 2,4% mensual entre abril y junio, apenas por encima de una inflación promedio estimada en 2,2%.
La diferencia luce escueta, pero marca un cambio respecto de los meses anteriores: por primera vez en mucho tiempo los ingresos empiezan a correr levemente por delante de los precios.
Las primeras negociaciones para julio y agosto también apuntan en esa dirección, con aumentos cercanos al 2,3% mensual. No obstante, la recuperación todavía luce moderada y heterogénea.
El problema que sigue golpeando al bolsillo
But the true measure of a family’s well-being depends not only on salary, but on the money that is actually available after paying fixed expenses.
Mientras la inflación acumulada de los últimos doce meses rondó el 33%, las tarifas de electricidad y gas aumentaron en promedio 55% en el AMBA y el transporte público avanzó cerca de 49%, muy por encima de la evolución de los ingresos.
Como consecuencia, una familia tipo del área metropolitana destina actualmente unos $163.600 mensuales al pago de electricidad, gas, agua y transporte si mantiene subsidios energéticos. Sin subsidios, ese gasto asciende hasta aproximadamente $275.800.
El impacto total
El impacto resulta mucho más severo en los hogares de menores ingresos.
Una familia cuyos ingresos equivalen a dos salarios mínimos destina alrededor del 22% de sus recursos al pago de servicios públicos, más de cuatro veces el peso que tenían esos gastos a fines de 2023.
En el caso de un hogar compuesto por dos jubilaciones mínimas, la incidencia alcanza al 17,3% del ingreso familiar.
Incluso entre los sectores medios el esfuerzo creció de manera significativa. Una familia con ingresos cercanos a $1,5 millones ya dedica alrededor del 14% de sus recursos a pagar servicios públicos.
Un consumo que podría empezar a reaccionar
El escenario que proyecta la Fundación Capital para la segunda mitad del año combina dos fuerzas contrapuestas.
Por un lado, una inflación más baja permite que las paritarias vuelvan a generar pequeñas mejoras del salario real, algo que no ocurría de manera sostenida durante los últimos meses.
Por el otro, las tarifas continúan reduciendo el ingreso disponible y todavía existe margen para nuevas actualizaciones.
De hecho, el informe recuerda que los usuarios residenciales aún no cubren completamente los costos de generación eléctrica y que en el transporte público del AMBA los subsidios siguen siendo elevados.
En ese contexto, la recuperación del consumo probablemente exista, pero será gradual y lejos de mostrar un salto significativo.
En resumen, aunque los salarios comienzan a recuperarse y a superar levemente a la inflación, el peso de las tarifas de los servicios públicos sigue siendo un obstáculo importante para el bolsillo de las familias. La recuperación del consumo se vislumbra de forma gradual, con un panorama mixto que combina mejoras salariales con aumentos en los costos de servicios básicos.
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