El G7 se vio envuelto en una crisis cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abandonó la reunión en Canadá de manera sorpresiva, generando incertidumbre sobre sus intenciones en relación con Irán. Trump, a través de sus redes sociales, instó a Teherán a evacuar de inmediato y expresó su firme postura en contra de que Irán desarrolle armas nucleares.
Por otro lado, el presidente francés, Emmanuel Macron, interpretó la salida de Trump como una propuesta de alto el fuego en Oriente Medio, lo cual generó un intercambio de declaraciones entre ambos mandatarios. Trump desmintió a Macron y dejó en claro que su objetivo era lograr una "rendición total" por parte de Irán, descartando la idea de un alto el fuego.
La retirada intempestiva de Trump del G7 estuvo marcada por su negativa a firmar la declaración conjunta del grupo, evidenciando las divisiones en torno al conflicto entre Israel e Irán. Trump se mostró inflexible en su exigencia de detener el enriquecimiento de uranio por parte de Teherán y defendió la inclusión de Rusia y China en el G7 en el futuro.
Las diferencias sobre las sanciones a Rusia también marcaron la cumbre, con el Reino Unido buscando imponer medidas más severas para frenar la maquinaria bélica de Putin. La postura de Trump y su rechazo a la unidad con los demás líderes del G7 dejaron en evidencia las tensiones en torno a la desescalada de conflictos en Oriente Medio y Ucrania.
En resumen, la participación de Trump en el G7 estuvo marcada por su postura inflexible en relación con Irán, su defensa de la inclusión de Rusia y China en el grupo y su rechazo a las sanciones contra Rusia. Sus acciones reflejaron una clara divergencia con el resto de los líderes presentes en la cumbre, evidenciando las divisiones en torno a los conflictos internacionales.
