¿Y si la alternativa Massa sale bien?

1.- El regreso del Ministerio de Economía
La afortunada miniserie “Última bala en la recámara” concluye con el nombramiento de Sergio Massa, El Profesional, como “superministro”.

Es fruto de un acuerdo entre Sergio -líder del Frente Renovador- y La (Agencia de Colocación) Cámpora, un protectorado de La Doctora que decide y manda.

Un acuerdo complementado por la febril Liga de Gobernadores. Trece poderosos estadistas regionales que exigieron, en digna pandilla, soluciones rápidas.

Exprimieron como una naranja al presidente Alberto Fernández, El Poeta Impopular, líder unánime del PARTE. Protagonista principal de 32 meses perdidos entre extravagancias, vacilaciones festivas, dificultades y pretextos que lo llevaron al vacío.

El apoyo de los gobernadores fue sustancial para facilitar la racionalidad del entendimiento de Sergio con el Premier Juan Manzur, El Menemcito.

Para ser rigurosos no hay, para Sergio, superministerio. En la práctica, es una reconfortante recuperación.

El Profesional reconquista los poderes que hace 30 años controlaba Domingo Cavallo, Espelucín.

Cabe celebrar el regreso de la figura del Ministro de Economía. Meticulosamente fragmentado, jibarizado, devaluado.

En principio, por la condena de Néstor Kirchner, El Furia. Luego, por la supuesta ignorancia de Mauricio Macri, El Ángel Exterminador.

Ambos inseguros creían que no hacía falta tener un ministro de economía de verdad. Pero no tenían idea. No se arriesgaron a vivir con el estatus de ministro que invariablemente compartía el poder. Hasta que se crean presidenciales. como Cavallo. O incluso Roberto Lavagna, La Esfinge.

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Efectivamente, de Fernando Henrique Cardoso, que saltó del ministerio de economía a la presidencia de Brasil. Como Zedillo Ponce de León, en México, o Emmanuel Macron, en Francia.

Por tanto, cabe destacar el mérito de El Doctor a la hora de promover el regreso de una figura tan peligrosamente inquietante.

Por darse cuenta, quizás, de que sólo le quedaba la última bala. En la cámara de gobierno eso se diluyó terriblemente. Massa, era, la bala. El Profesional que se atrevió, con ambiciones de crecimiento político, a resolver la utopía. O ser incinerado.

Arrastraba una adversidad en las encuestas que solo podía modificarse a través de la eficiencia. Con capacidad de generar soluciones. O algo aún más difícil, despertar ilusiones.

2.- Reordenamiento
El resto es reorganización. Realismo mágico, libro de pases, con despedidas y saltos siempre pintorescos.

Daniel Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol, regresa a la embajada de la que nunca debió salir. En Brasil hizo un trabajo diplomáticamente memorable que le permitió crecer, hasta formar parte de la boleta presidencial de 2023.

Silvina Batakis, La Griega, es la ganadora con el reemplazo. Por su heroico acto de servicio, y por haber puesto rostro y cuerpo en la improvisación a la bartola, encuaderna la joya del Banco Nación.

Gustavo Beliz, Zapatitos Blancos, confirma la vocación de resignación fácil. Apela a Nuestro Señor sin siquiera haberse arrepentido de la discusión que tuvo en Los Ángeles con El Profesional. Por «chiveríos» de periodistas.
Y Domínguez, el Lindo Julián, como buen país católico se adhiere a la suerte de Don Segundo Sombra.

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Julián se fue en silencio. «Como alguien que se desangra».

3.- Catálogo de desgracias
«¿Y si le pasa a él?»

Las entradas para el espectáculo que salió mal están agotadas. Vendido.

Ya no hay lugares para el pesimismo existencial.

El peso inerte del gasto público desfila. Temática que apasiona a los liberales del recetario televisivo. La plaga de la inflación. Con el canto de la devaluación y los precios que suben desesperadamente.

La pésima distribución de la riqueza, que convierte las veredas del centro de Buenos Aires en piadosos dormitorios.

Con la mochila de la deuda que instiga a convivir permanentemente con el quebrantamiento. Y el cinismo jocoso de asumirnos como garcas definitivas. Está descontado que nunca pagaremos.

Con la presencia hiriente de los miles de desposeídos que obstruyen el camino. El desplazamiento es un calvario de miércoles. Y también el jueves.

Avance catálogo de desgracias que nos alejan espantosamente de la necesidad de construir un capitalismo tolerable en la sociedad descreída.

Pero, en fin, conjeturas. «¿Y si la alternativa de Massa funciona?»

Aunque los comunicadores de reacciones fáciles y rápidas se entretienen con las contradicciones del sujeto de referencia. Con los memes y videos viejos de peleas y divisiones superadas. Pero Massa mantiene, a su favor, la opresiva monotonía de la malaria popular.

El deseo irracional del argentino por encontrar por fin la forma de sortear el fracaso y evitarlo. El Profesional ambicioso sabe que puede crecer en el oficio solo si se resuelve. Si cura, o al menos atenúa, la irremediable sucesión de llagas abiertas que supuran.

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4.- El derecho a fallar en la paz
Sin embargo, “este país no puede irse al carajo…”.

Cuando amenaza con recomponerse, la Argentina se recompone de verdad, durante unos años, aunque pronto marcha inocente hacia el desecho histórico.

La creencia errónea prospera: sólo el fracaso nos espera con los brazos abiertos. O disolución. Pero insisten: «Argentina no puede quedarse en el m…».

Con el argentino aferrado a la articulación individual y entregado a la inexistencia de la causa colectiva. Lo recomendable es no aferrarse a Massa. Ni lo trates como a un hombre providencial. El Profesional tiene derecho a fallar en paz. Como le falla a cualquiera.

Tiene la edad ideal para el poder, 50 años. Tiene contactos. Horario propio. El núcleo del conocimiento de los túneles públicos y secretos del Estado. La reconocida habilidad que contrasta con la deplorable imagen en el estricto universo de las encuestas.

Según nuestra valoración posiblemente errónea, cuando el poder está en juego la cuestión de las urnas es relativa.

A pesar de la adversidad numerológica, El Profesional conquista la centralidad, es motivo de severas descalificaciones, de rencores inapelables.

La superstición de las encuestas, o el cuento de la imagen negativa, cuando se habla de poder no tiene, en realidad, la menor importancia.

Fuente: diariocordoba.com.ar