La ofensiva del presidente Donald Trump contra la Universidad de Harvard sufrió un revés este viernes, cuando una jueza federal prohibió al gobierno estadounidense eliminar la capacidad de Harvard para inscribir a estudiantes extranjeros, fallando a favor de un reclamo urgente de la casa de estudios y evitando así un posible daño inmediato e irreparable.
La tensión entre las partes alcanzó su punto máximo, sumergiendo a las autoridades de la universidad, profesores, estudiantes e investigadores en un clima de gran incertidumbre. Detener el flujo de estudiantes internacionales a Harvard, que atrae a muchos de los mejores académicos y alumnos del mundo, desestabilizaría la existencia misma de la universidad.
Además, muchos estudiantes que actualmente cursan en Harvard desconocen si sus visas serán canceladas, mientras que aquellos que fueron admitidos este año y que comenzarán en agosto se ven en la incertidumbre de si podrán viajar.
En una decisión que conmocionó a la Universidad, la secretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem revocó la certificación de Harvard para el Programa de Estudiantes y Visitantes de Intercambio el jueves. Esta certificación permite a Harvard y otras universidades patrocinar visas específicas para sus alumnos e investigadores aceptados en sus aulas, lo que significaba que Harvard perdía la capacidad de incorporar alumnos extranjeros, afectando tanto sus ingresos como el espíritu universal de su campus.
Noem alegó que Harvard no había cumplido con la entrega de información de sus estudiantes al Departamento de Seguridad Nacional, que supuestamente busca instigadores de antisemitismo, además de mencionar una insólita presunta complicidad de Harvard con el Partido Comunista chino.
Demanda judicial
Este viernes temprano, los abogados de la universidad presentaron una solicitud urgente ante la Corte Federal de Boston argumentando que la ley no obliga a entregar gran parte de la información que el DHS exigió sobre los estudiantes. La jueza federal Allison Burroughs concedió la orden de restricción solicitada por Harvard, indicando que la medida era necesaria para evitar un daño inmediato e irreparable a la universidad antes de una audiencia programada para el 29 de mayo.
"Condenamos esta acción ilegal e injustificada", expresó el presidente de la universidad, Alan Garber, en un comunicado a sus estudiantes. "Pone en peligro el futuro de miles de estudiantes y académicos en Harvard, y sirve como una advertencia para muchos otros en colegios y universidades de todo el país que han venido a Estados Unidos para continuar su educación y cumplir sus sueños".
La ofensiva de Trump contra las universidades
La medida contra la Universidad es el último intento de la administración Trump de atacar a los estudiantes internacionales en una profundización de su agenda anti-inmigrantes, aunque también argumentan cuestiones de seguridad nacional.
El Departamento de Seguridad Nacional amenazó el estatus legal de miles de estudiantes, cancelando sus registros en una base de datos clave de inmigración, hasta que los tribunales de todo el país los obligaron a retirarse.
En una medida inédita y controvertida, muchas universidades accedieron a los reclamos del gobierno de brindar información sobre sus estudiantes y los planes de estudios, por temor a perder subsidios del Estado. Harvard se mantuvo firme ante las exigencias de Trump, considerando que amenazaban la libertad de enseñanza.
En resumen, la lucha entre la Universidad de Harvard y el gobierno de Trump refleja un conflicto entre la defensa de la autonomía académica y los intereses de seguridad nacional. La decisión judicial a favor de la universidad representa una victoria momentánea en medio de una batalla más amplia por los derechos de los estudiantes internacionales en Estados Unidos.
