En medio de un escenario económico desafiante, los consorcios de todo el país se enfrentan a una realidad en la que los servicios, los salarios y las deudas previas se convierten en un verdadero obstáculo para mantener las obras y el mantenimiento de los edificios en condiciones óptimas. La situación se ve agravada por una expensa promedio en la Ciudad de Buenos Aires que supera los $300.000 mensuales, lo que ha llevado a muchas familias a priorizar gastos inmediatos y postergar el pago de las expensas.
Morosidad en las expensas: el freno a las obras y el riesgo del mantenimiento mínimo
En este contexto, la morosidad en el pago de las expensas ha alcanzado niveles alarmantes, lo que ha obligado a los consorcios a detener obras de mejora y reducir el mantenimiento no esencial. Trabajos como la pintura de palieres, la impermeabilización de terrazas o la renovación de ascensores han quedado suspendidos, dejando a los edificios en un estado de "modo supervivencia". Esta falta de inversión no solo afecta la calidad de vida de los vecinos, sino que también pone en riesgo el valor de las propiedades a largo plazo.
Morosidad récord en el pago de expensas y el impacto en la convivencia
La morosidad en el pago de las expensas ha generado conflictos de convivencia en los edificios, especialmente en aquellos con pocos departamentos donde el incumplimiento de una sola unidad funcional puede desequilibrar la economía del consorcio. Esto ha llevado a un aumento en las ejecuciones de expensas, generando tensiones adicionales en un contexto ya tenso debido a la crisis económica. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, la morosidad promedio se sitúa en torno al 20%, llegando al 31% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, lo que refleja la fragilidad financiera de muchos propietarios e inquilinos.
En resumen, la situación actual de los consorcios refleja un escenario complejo en el que la falta de fondos, la morosidad en el pago de las expensas y la necesidad de priorizar gastos urgentes están llevando a los edificios a operar en un modo de supervivencia. La falta de inversión en obras y mantenimiento preventivo representa un riesgo tanto para la calidad de vida de los residentes como para el valor de las propiedades a largo plazo. Es fundamental encontrar soluciones a esta problemática para garantizar la sostenibilidad y el buen funcionamiento de los consorcios en el futuro.
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