El renacimiento del icónico Plaza Dorrego Bar en San Telmo
Para la gente de San Telmo la emoción ante la catarata de recuerdos es inevitable. En la esquina de Dorrego y Humberto Primo aquel coloso que estaba dormido desde hacía cinco años ahora está despierto, y abre de vuelta sus persianas al mundo que lo vio nacer y lo acunó desde 1880. No es un día más para los vecinos y comerciantes que hicieron la historia del Plaza Dorrego Bar.
Poner un pie en este lugar, incluso sin haberlo conocido antes, tiene una magia particular. Las historias aparecen solas y hasta teletransportan a algún momento puntual: el encuentro de Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato, las visitas de Ástor Piazzolla y Horacio Ferrer, los amores, las disputas y los proyectos que se forjaron entre esas cuatro paredes.
El alma de este bar está intacto, así como el de cada uno de los viejos clientes que lo conocen de toda la vida. No fue fácil ponerlo de pie luego de haber estado cerrado por cinco años y Pablo Durán -su dueño- lo sabe a la perfección.
El proceso de recuperación
Entre idas y venidas, le llevó tres años poner la firma para quedarse con la propiedad, y luego dos más para reacondicionar el espacio con una obra de puesta en valor. El lugar estaba destruido.
El trabajo valió la pena, y desde este viernes el Plaza Dorrego Bar volverá a funcionar todos los días de 8 a 2 de la mañana, y ofrecerá un servicio de bebidas, picadas, platos y minutas. A las 19, como homenaje, tocará la Orquesta Juvenil de San Telmo con sus setenta integrantes, al aire libre y para todo público.
La restauración del emblemático bar
Clarín reúne a Durán y a los vecinos de San Telmo en una mesa del bar. La emoción y la expectativa por la reapertura no tardan en aparecer en las caras de todos. Especialmente al ver que el bar que tanto extrañaban fue recuperado de forma estupenda, y qué está igual a como lo recordaban en sus años gloriosos.
“Nosotros desarmamos todo, la barra no servía ni para hacer un asado. Estaba todo podrido. Tengo un galpón con mesas, sillas, maderas, donde trabajamos para el cuidado de todos los bares. Desarmamos todo, lo llevamos para allá y empezamos con la obra para hacer la cocina, los baños, las instalaciones eléctricas, de agua, gas. Están los baños nuevos arriba, hicimos una losa, la cocina abajo. Una vez que terminamos con todo eso empezamos a traer las cosas. Parte se montó allá y parte acá en el bar”, explica Durán sobre el proceso de recuperación.
El legado de Pablo Durán
Pablo tiene ya una amplia experiencia en el rescate de bares notables, y de hecho también tiene a su cargo otros emblemas porteños como el Café La Poesía, Hipopótamo, Cao, Miramar, El Federal y Margot.
“Las mesas son originales, las sillas también. Se hizo todo un trabajo de recuperación y restauración. El piso no lo cambiamos, se recuperó también. Lo que se agregó fue un mármol viejo en la barra. La exhibidora de jamón también es nueva”, añade.
La comunidad de San Telmo se reencuentra con su historia
Para Pallarols el trabajo de puesta en valor fue excelente y señala que esto se nota incluso en lo más mínimo: en los mensajes tallados por los habitués en las maderas de la barra y las mesas que se conservan. Antes, dice, el bar estuvo mucho tiempo abandonado, con las mismas maderas astilladas y con muy poca inversión.
“Venían Piazzolla y Ferrer. Él venía con Lulú, su esposa. Venía mucho el gordo (Jorge) Porcel también”, recuerda Pallarols.
Una historia que se reinventa
Este bar fue construido en el año 1880 en dos plantas. Fue conocido como los “Altos de Besio”, debido a su propietario, quien en la planta baja tenía un almacén de ramos generales con despacho de bebida. Posteriormente, se llamó Bar almacén “El Imperial”, luego “Bar San Pedro Telmo” y desde el año 1989 es conocido como Bar Plaza Dorrego.
Teresa Gargiulo, vecina de San Telmo y dueña de un comercio de botones en la Feria de Antigüedades, confiesa que lloró cuando vio que la esquina de Dorrego y Humberto Primo levantó sus persianas después de tanto silencio.
Cerrando un capítulo y abriendo otro
En este mismo lugar, en una de las mesas, se produjo el inolvidable encuentro entre Sábato y Borges. Fue en 1975, cuando el periodista Alfredo Serra los reunió para hacerles una entrevista en la revista Gente tras 20 años de enemistad. Quien había logrado juntarlos anteriormente para realizarles siete entrevistas que serían volcadas al libro Diálogos fue el periodista y escritor Osvaldo Barone.
Este jueves a las18 se hará la apertura oficial con una lectura de fragmentos del libro Diálogos leídos por Guido Sabato, nieto del escritor y por Victoria Kodama, que es una de las sobrinas de María Kodama. En el brindis van a estar también otra de las nietas de Sábato y otra sobrina más de Kodama y su familia.
Se espera la presencia de funcionarios de la Ciudad. Así también asociaciones del barrio, la Junta de Estudios Históricos de San Telmo, la presidenta de Bomberos Voluntarios en Puerto Madero y el cura de la Parroquia de San Pedro González Telmo que bendecirá el bar.
Un lugar de encuentro y memoria
“Un bar es un lugar de encuentro. Es el lugar donde todos se encuentran para un negocio, para una pelea, para un amor, para arreglar el mundo o para estar uno mismo con un libro. Hoy hay más conciencia de respetar y de cuidar”, concluye Durán.
La reapertura del Plaza Dorrego Bar representa mucho más que la restauración de un edificio histórico. Es el renacimiento de un espacio emblemático que ha sido testigo de innumerables historias y encuentros que han marcado la vida de quienes han pasado por sus puertas. Es un homenaje a la memoria colectiva de San Telmo y un tributo a la importancia de preservar nuestra identidad cultural.










