La incierta reactivación de Lácteos Verónica en Suardi
El retorno parcial de una de las empresas más golpeadas por la crisis que atraviesa al sector lácteo sigue en la indefinición. Así, la promocionada reactivación de Lácteos Verónica en Suardi, presentada por el gremio ATILRA como un logro de gestión bajo la órbita de la cordobesa COPALAC, continúa sin arrojar certezas respecto de cómo operará la planta y de qué forma la marca se reinsertará en el mercado de consumo. En el sector lechero y entre los propios trabajadores reconocen que no hay indicios de actividad real al margen de lo anunciado por el sindicato. El nudo de la parálisis radica en la materia prima: no está claro de dónde saldrá la leche fluida ni de qué modo llegará a la fábrica.
ATILRA interviene en Lácteos Verónica
El intento de puesta en marcha se formalizó vía un comunicado reciente de ATILRA. El gremio lechero adjudicó la jugada a «intensas gestiones del Sec. Gral del CDN, Cro. Héctor Luis Ponce» para acordar «un contrato de fasón con la Empresa COPALAC S.A.S.». Pese al protagonismo que le asigna el texto, señala Elida Thiery, experta del sector lechero, Ponce no volvió a referirse al tema. En concreto, su exposición pública durante el último año y medio estuvo volcada a la quiebra de SanCor y su intervención en la cooperativa.
Al margen de lo anunciado por el gremio, lo cierto es que la irrupción de COPALAC en el contexto crítico de Lácteos Verónica lejos está de garantizar la recuperación de la firma. Se trata de una firma de Morteros creada hace pocos meses y orientada a la construcción, albañilería y logística. El propio texto sindical admite el alcance limitado de la maniobra: «No se trata de una solución de fondo sino parcial y transitoria, propiciando la reactivación de la mencionada planta, en aras del mantenimiento de los puestos de trabajo y la paz social laboral en dicha comunidad».
Hasta el momento, no se sabe qué producto se procesará —trascendió leche en polvo y algo de quesería a futuro— en Suardi, ni los plazos, el personal requerido o el formato de pago. El comunicado sindical señala que COPALAC asumirá la responsabilidad solidaria según el artículo 30 de la Ley de Contrato de Trabajo, pero en los hechos se trata de un esquema a fasón con un alcance limitado.
Alejandro Cabrera, histórico delegado en SanCor y brazo ejecutor de Ponce en este conflicto, sembró más dudas sobre el rol de los Espiñeira, aún dueños de Lácteos Verónica, en esta operación. «Hemos tenido comunicación permanente, hasta que tomaron la decisión de desaparecer. Lo último que tuvimos de contacto con los Espiñeira fue a través de abogados», declaró recientemente.
La definición abre interrogantes sobre la voluntad de la familia propietaria y la legalidad del traspaso de una planta parada hace más de un año. Cabe recordar que la única unidad con actividad reciente fue Lehmann, entre octubre de 2025 y enero de este año.
Lácteos Verónica y un pasivo financiero desbordado
Los trabajadores no tuvieron comunicación oficial y solo reciben datos por vía de los delegados. En las bases saben que el reinicio es complejo: la fábrica arrastra meses de abandono, vandalismo y falta de mantenimiento.
De los 700 operarios que había hace un año, muchos buscaron otro empleo mientras esperan cobrar sueldos y aguinaldos adeudados desde fines de 2025. La empresa no avanza en ventas, alquileres, concurso de acreedores ni quiebra.
El frente financiero refleja el verdadero tamaño del colapso. Según registros del Banco Central (BCRA) a los que accedió iProfesional, Lácteos Verónica acumula 3.665 cheques rechazados por falta de fondos.
El pasivo por esos documentos sin cobertura alcanza los 13.240 millones de pesos. A eso se suma una deuda bancaria registrada que roza los 18.500 millones de pesos, repartida entre el Banco Nación, BBVA, Santander, Galicia y Macro, entre otras instituciones de ese sector.
En el eslabón primario, fuentes tamberas y de la gobernación de Santa Fe estiman que la deuda con los proveedores de leche cruda supera los 65 millones de dólares.
Recientemente, Cabrera volvió a mencionar una supuesta deuda de Lácteos Verónica con la obra social de los lecheros por $1.520 millones, pero obvió eventuales deudas con el gremio. El dato alimenta las sospechas entre los trabajadores sobre acuerdos privados.
Mientras ATILRA busca instalar que la jugada de Suardi podría replicarse en Clason y Lehmann, la familia Espiñeira mantiene el rechazo a las ofertas de compra y sostiene el silencio absoluto sobre un rojo financiero que aún paraliza a las tres plantas de Lácteos Verónica.
Resumen
La incierta reactivación de Lácteos Verónica en Suardi bajo la intervención de COPALAC y ATILRA sigue sin despejar dudas. Con un pasivo financiero desbordado, la planta enfrenta problemas tanto en la obtención de materia prima como en el pago de salarios adeudados. La falta de claridad sobre el rol de los dueños y la viabilidad a largo plazo de esta reactivación generan incertidumbre entre los trabajadores y en el sector lácteo en general.
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