La incredulidad se respira en el aire de la comunidad que rodea al Complejo Penitenciario Federal de Villa Devoto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A pesar de los anuncios sobre la mudanza de los detenidos al nuevo edificio en Marcos Paz y la promesa de vaciar la cárcel antes de fin de año, las familias vecinas y los comerciantes se mantienen escépticos. La historia de la cárcel de Devoto está marcada por mil capítulos de promesas incumplidas, incluso durante la gestión de Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.
María del Carmen, una vecina con más de 40 años en la zona, recuerda cómo sus hijos jugaban imitando a los presos con sogas antes de la llegada de los celulares que trajeron un poco de silencio al entorno. Sin embargo, no alberga expectativas sobre la mudanza, consciente de los desafíos que implicará, desde la demolición de los pabellones hasta la definición de los nuevos usos para las tierras.
Los grandes proyectos urbanos como este requieren tiempo y planificación. La cárcel de Devoto ocupa 4,5 hectáreas, y según la normativa porteña, el 65% de la superficie debe destinarse a espacios públicos. Este porcentaje incluye parques, plazas, veredas y calles, lo que implica que no todo será espacio verde.
El pasado oscuro de la cárcel, especialmente la «Masacre del Pabellón Séptimo» durante la dictadura militar, plantea la necesidad de preservar ciertas partes del edificio como sitios de homenaje y memoria. La Justicia ha condenado a responsables de aquellos crímenes, lo que destaca la importancia de recordar y reconocer los derechos humanos.
La mudanza de 1.400 detenidos a la nueva cárcel de Marcos Paz plantea desafíos logísticos y operativos. El secretario de Seguridad porteño destaca la complejidad de la puesta en funcionamiento del nuevo complejo, que tiene capacidad para 2.400 detenidos según algunas fuentes. La entrega «llave en mano» del establecimiento por parte de la Ciudad a la Nación implica un cambio de dominio mediante la intervención de la AABE.
Para algunas familias, organizaciones sociales y docentes, la mudanza representa preocupaciones sobre los traslados, la vinculación, los programas educativos y el derecho de los detenidos a estudiar. El complejo penitenciario de Marcos Paz, ubicado en una zona semi rural, plantea desafíos adicionales en términos de accesibilidad y continuidad de los planes de estudio, como el Centro Universitario Devoto con 182 alumnos y seis carreras universitarias.
En medio de la incertidumbre y la desconfianza, el futuro de la cárcel de Devoto y su entorno sigue siendo una incógnita para muchos. Mientras las autoridades trabajan en la mudanza y el cierre del complejo, la comunidad local espera con cautela y esperanza un nuevo capítulo en la historia de este emblemático lugar.
