**El regreso a la «normalidad» en el mercado financiero argentino**
Si hubo un día en el que Toto Caputo saboreó el gusto de la revancha fue el jueves post aprobación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en la Cámara de Diputados. No sólo cayó el dólar en el mercado paralelo sino que también hubo una retracción en la disparada que se había registrado en el mercado de futuros -y que se interpretaba como la apuesta de los inversores a una devaluación-.
Ahora -mientras abundan los comentarios socarrones dedicados a quienes en los últimos días estuvieron dispuestos a pagar $1.124 para asegurarse la cotización de fin de marzo, y $1.168 para abril-, el gobierno hace todos sus esfuerzos por demostrar que la corrida de los últimos días era injustificada y que lo que está ocurriendo es un regreso a la «normalidad».
**¿Festejando por adelantado?**
En principio, este alivio en el mercado parece demasiado poco y demasiado pronto como para que los funcionarios salgan a celebrar el fin de una corrida que todavía no da señales de estar controlada. Después de todo, los depósitos en dólares del sistema bancario siguen cayendo lento pero sin pausa y ya se ubican en u$s29.500 millones, mientras la incertidumbre sobre cuál será en nuevo régimen cambiario sirven como aliciente para que más inversores se vayan del «carry trade», desarmando sus posiciones en pesos y volviendo al dólar.
**Cuestión de incentivos**
Pero claro, también los argumentos oficiales pueden ser interpretados en el sentido opuesto, y de hecho es lo que están haciendo muchos inversores. A fin de cuentas, la economía ya acumula nueve meses seguidos con déficit de cuenta corriente, y no se avizora un cambio de tendencia.
Ese indicador no sólo molesta a los economistas ortodoxos -que recuerdan que siempre fue el precedente de las devaluaciones- sino también al staff del Fondo Monetario, para quienes ese déficit es una vía segura de que su asistencia financiera sea dilapidada en poco tiempo.
**El mundo no se alinea con Caputo**
El optimismo de Caputo ofrece flancos cuestionables también en el mediano plazo. La prueba está en los propios números de comercio exterior que el ministro exhibió: si no fuera por el aporte de los dólares del rubro energético, Argentina ya estaría en situación de déficit comercial.
Las importaciones crecen a una tasa anual de 42% y se encaminan a un nivel de u$s6.000 millones por mes. La noticia buena es que se trata de un volumen compatible con una economía en franca recuperación; la mala es que hay cada vez más dudas sobre cómo se financiarán esas compras -en las que ya más del 20% corresponden a productos de consumo final y automóviles.
En definitiva, todos los datos ponen en cuestión los optimistas pronósticos oficiales sobre un superávit comercial holgado, mientras las reservas del BCRA continúan su persistente goteo y los argentinos vuelven a hacer tours de compras en el exterior.
En resumen, el mercado financiero argentino parece haber experimentado un respiro tras la aprobación del acuerdo con el FMI, pero las señales de recuperación aún son débiles y las incertidumbres persisten en torno al futuro de la economía. La estabilidad cambiaria sigue siendo una meta difícil de alcanzar en medio de un contexto internacional desfavorable y desafíos internos que siguen sin resolverse.
