En el Barrio Obrero de Boulogne, el frío se quiebra cuando el sol se asoma. Como se quiebra la voz de Delia Garibotti antes de cumplir un minuto hablando de su papá Francisco. Berta Carranza también habla como lo hace Delia. Pero está más entera. También habla de su papá y de la historia familiar.
Es sábado al mediodía y el cielo está cubierto, la temperatura es de 10 grados, pero poco de eso importa para los vecinos que están en la esquina del pasaje Carranza y la calle Guayaquil. Acaba de develarse el mural que no solo cuenta la historia de dos familias del barrio, cuenta una página sangrienta de la historia argentina.
Entre la noche del 9 y la madrugada del 10 de junio de 1956, 12 hombres fueron detenidos luego de que el jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires, Desiderio Fernández Suárez, y otros efectivos de la bonaerense, irrumpieran en un PH de la localidad de Florida, en el partido Vicente López.
Fueron subidos a un patrullero de la comisaría de Florida y a un colectivo rojo de la línea 19 de Vicente López, que la policía secuestró en el camino hasta llegar al PH para detenerlos.
Los 12 fueron llevados a un basural de José León Suárez y los fusilaron, previo a que el presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu dictara la ley marcial, anunciada además por cadena nacional a través de la radio.
De los 12 detenidos, cinco murieron: Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brión, Carlos Lizaso y Vicente Rodríguez. Norberto Gavino, Rogelio Díaz, Miguel Ángel Giunta, Reinaldo Benavídez, Julio Troxler, Horacio Di Chiano y Juan Carlos Livraga sobrevivieron. De hecho, Livraga es “el fusilado que vive”, el hombre que desveló al periodista Rodolfo Walsh a fines de 1956, mientras jugaba al ajedrez en La Plata.
Ese desvelo le valió a Walsh la investigación que deschavó a la autodenominada “Revolución Libertadora” por haber aplicado la Ley marcial con retroactividad. Y la fundación del género de no ficción en el periodismo al publicar «Operación Masacre».
Dos murales, una misma historia
“El mural surge en una charla con Berta por los 70 años de los fusilamientos, para hacer un homenaje y por la realización del juicio”, le cuenta a Clarín Melisa Blois, autora de la obra junto a Dani Kaffee Flash.
“Para inaugurarlo, le propusimos tener una jornada cultural con todo el barrio y todos los partidos políticos de San Isidro para hacer un homenaje. Por eso estaba el peronismo y el radicalismo”, añade Blois.
Blois le cuenta a Clarín que el mural lo inspiró la relectura de «Operación Masacre» y las fotos de la vida cotidiana de Nicolás Carranza y Francisco Garibotti, que Berta y Delia le aportaron: “Ellas me decían que en el barrio hay muchos pibes y pibas que no saben la historia, entonces me pidieron que lo haga pensando en eso. Y que también sirva como homenaje para las familias”.
La obra que ocupa una pared entera sobre el pasaje Carranza es un collage dividido en partes: a la derecha Berta y su hermano Carlos Alberto aparecen abrazados. Y detrás de ellos está la imagen de una actividad comunitaria para el barrio.
“Pusimos el dato de los 16 niños que quedaron huérfanos por los fusilamientos: 12 son del barrio obrero de Boulogne. Fue fuerte y me pareció que había que resaltarlo”, le dice Blois a Clarín. Y añade que también “aparecen como estrellas que significan los bombardeos del ´55, que fue el principio de lo que se sufrió y la previa de todo”.
“Está la imagen del tren Belgrano de esa época, que es donde trabajaban Carranza y Garibotti. Y para el retrato de ellos me crucé con la foto de Delia y Berta con los carteles, ellas abrazadas caminando juntas por la justicia de sus papás y dije: es esto”, cierra Melisa en diálogo con Clarín.
El otro mural está en José León Suárez, donde ocurrió todo, en la intersección de 9 de julio y Saénz Peña. Allí, el 10 de junio, frente al monolito que recuerda el hecho, por los 70 años, se pegaron las fotos de los cinco fusilados y la foto del general Valle, el protagonista del levantamiento que se frustró la misma noche del 9 de junio de 1956 y que fue fusilado el 12 de junio de 1956 en la Penitenciaría Nacional, ubicada en la Ciudad de Buenos Aires, donde hoy está el Parque Las Heras. “Este mural es la previa de otro mural alegórico que se viene, como excusa del juicio y para contar un poco la historia de estos 70 años”, le cuenta a Clarín el exdiputado nacional Leonardo Grosso.
“No sé si el juicio va a ser un cierre”
Con la mirada triste, pero cargada de esperanza, como lleva desde hace muchos años, Berta dice que a pesar de que está contenta porque se hace el juicio, ella tiene una espina clavada: “No sé si va a ser un cierre el juicio, porque los tipos (los fusiladores) están muertos. Cuando nosotros quisimos hacerlo, estaba vivo Desiderio Fernández Suárez, pero no pudimos llegar a la Justicia. Así que imaginate”.
El teniente coronel Desiderio Fernández Suárez fue el ideólogo de la Operación Masacre. Estaba cargo de la Policía bonaerense y fue quien le ordenó al jefe de la Regional San Martín, comisario Rodolfo Rodríguez Moreno, que fusile a los 12 civiles apresados.
“Siempre quisimos el juicio. Estaba vivo el hdp de Desiderio Fernández Suárez y no lo pudimos hacer”, agrega Berta. Fernández Suárez murió el 9 de abril de 2001, por eso la impotencia de Berta y su familia.
En un dato que revelaron Mauricio Caminos y Facundo Lo Duca en la revista Anfibia, el nieto de Fernández Suárez, Leandro, fue nombrado embajador argentino en México por el gobierno de Javier Milei.
Delia Garibotti tenía 9 años cuando asesinaron a su papá y recuerda casi todo de aquella noche del 9 de junio de 1956, la última vez que lo vio toda la familia. No llega a hablar 60 segundos sobre su padre que su voz comienza a quebrarse y la cara se le transforma. No hay tiempo para el dolor: con un día o 70 años se siente igual.
“Carranza había ido a buscarlo a mi papá, salieron y nunca más volvieron. Fue una noche de sábado como de película de terror: con mucha niebla. Mi mamá lo esperó toda la noche y no volvió”, recuerda Delia.
Le revela a Clarín que el domingo buscaron a su papá “por todos lados y no lo encontraron. El lunes mi mamá se enteró por los vecinos. Y después vinieron los militares y empezaron a acosarla”, agrega.
Está muy emocionada por el mural que hicieron en la pared exterior de la casa de Carranza, que está justo frente a la baldosa por la memoria que recuerda a Francisco Garibotti, delante de la casa del hombre y su familia.
“Tengo una emoción muy grande porque años atrás esto no lo podíamos hacer, ahora lo hacemos. Y lo hace la juventud. Estoy orgullosa y se lo merecen nuestros padres”, se emociona.
Alicia Rodríguez es la hija de Vicente Rodríguez, otro de los fusilados, y también está allí, con sus compañeras de tantos años: “Espero que el juicio salga para que tengamos calma en nuestras almas y en nuestras angustias”, dice. Y Delia también agrega una esperanza y una certeza: “Espero que salga todo bien. Se va a hacer justicia”.
En resumen, la historia de los fusilamientos de José León Suárez en 1956 es un capítulo oscuro en la historia argentina que finalmente está siendo llevado a la justicia. A través de murales, homenajes y un juicio por la verdad, las familias de las víctimas buscan cerrar una herida abierta por décadas de injusticia. La esperanza y la lucha por la justicia se mantienen vivas, a pesar de los desafíos y obstáculos en el camino.
